Elecciones en Estados Unidos
Por RICARDO PASCOE PIERCE
LAS elecciones presidenciales de Estados Unidos tienen gran importancia para América Latina. Indudablemente el imperio norteamericano debate, en el proceso electoral, el futuro de su proyecto económico, político y social para nuestro mundo. Quienes vivimos bajo la férula del capital y de la tecnología extranjera, principalmente norteamericana, sabemos que el imperio analiza sus posibilidades y formas de control político de países débiles. Las relaciones entre los países americanos tienden a marcarse por la situación económica y social de cada nación y de sus relaciones con Estados Unidos. En el caso nuestro —de México— es cada vez más evidente la intención programática y política de presionar al país y al Gobierno, a que se discipline más y más a las necesidades de Washington. Así, no son simples declaraciones las que se revelaron recientemente en la prensa nacional en donde Reagan habría solicitado al Departamento de Estado norteamericano la preparación de un plan de control para lograr que México se adhiriera a su política en Centroamérica. También, en la práctica, se empieza a instaurar el proyecto de Simpson y Mazzoli, dos diputados norteamericanos quienes proponen una ley para reglamentar y controlar la inmigración mexicana hacia aquel país. A pesar de no haberse aprobado le ley aún, se empiezan a incrementar los fondos de la fuerza fronteriza encargada de la vigilancia de los llamados "ilegales", con la idea de alcanzar la suma de 64 millones de dólares en el próximo año. Pero el problema fronterizo, como casi todos los existentes entre nuestros países, no es nuevo, sino que tiene historia.
Debido a ello, o a pesar de ello, las relaciones son de poder entre los dos países. J. de Jesús Becerra escribió, en 1949, en su novela El dólar viene del Norte, que "... A la solicitud del Gobierno americano que requería braceros con apremio respondió el nuestro estableciendo grandes centros de contratación para enviar peonada a los campos agrícolas de Norteamérica...". Más adelante señaló que "... La prensa de uno y otro lados de la frontera daba cuenta de grandes redadas de 'mojados' que eran expulsados despiadadamente de aquel país...". "Y así fue como nuestro poderoso vecino fue ayudado eficazmente por el 'pariente pobre'...".
Estas relaciones también existen en América Central, a pesar de las contradicciones entre grupos militares nacionales y el Pentágono norteamericano, resulta indudable que las relaciones militares determinan hoy lo que ocurre en aquella zona de nuestro continente. Por un lado, el candidato del Partido Republicano, el actual mandatario norteamericano, Ronald Reagan actúa con su política belicista y guerrerista, enviando más y más tropas norteamericanas a la zona, los demócratas, aun en su debate interno de partido, en listas a la selección de su candidato presidencial, generan un conjunto de especulaciones acerca de las formas y alternativas para salvaguardar los intereses norteamericanos en la zona, al mismo tiempo que se niegan a definir con claridad sus respectivas posturas frente a la salida de las tropas norteamericanas. De hecho, el más honesto de todos los candidatos, demócratas y republicanos, es Reagan: se propone ir a la guerra, y lo hace, consecuente con su pensamiento. Los demócratas insinúan su rechazo a la guerra, como Gary Hart que, en publicación pagada en el New York Times, sugiere que el conflicto se debe a la injusticia, hambre, etc. Estamos de acuerdo, pero indudablemente se debe sacar una conclusión acerca de la permanencia de tropas norteamericanas en la zona. Dicen los demócratas que no reforzarán la intervención militar norteamericana, pero también aceptan que dejarán tropas norteamericanas en El Salvador y Honduras, lo que equivale a mantener una intervención activa en la zona de guerra. Un soldado muerto es suficiente para justificar una intervención más amplia. Incluso el senador Edward Kennedy señaló recientemente que tropas norteamericanas están activamente involucradas en la guerra, y que, con un muerto, el gobierno de Reagan podrá montar su campaña periodística para justificar el envío masivo de tropas.
En este sentido, tanto por los elementos económicos y políticos, es cada vez más evidente que cualquier presidente norteamericano, demócrata o republicano, tendrá que sujetarse a un espacio de diferenciación entre ellos mismos cada vez menor. Los intereses norteamericanos están más y más identificados con políticas en contra de la corriente migratoria, por el apoyo a las transnacionales, y por la mantención de "gobiernos amigos" en Centroamérica. Los pueblos de América Latina tendremos que sujetarnos, también, a nuestra propia historia: la lucha por la independencia y la libertad. Ante las elecciones en Estados Unidos, un grito de desafío: los pueblos, unidos, vencerán.