Crisis económica en México
Por RICARDO PASCOE PIERCE
MÚLTIPLES comentarios y análisis se hacen en relación al nuevo Plan Nacional de Desarrollo. Análisis crítico y análisis de alabanza. Por el lado crítico, los señalamientos hacen ver que las metas no incluyen una definición del papel de los trabajadores, que hay una ausencia de definiciones de fondo sobre el papel de la crisis internacional, del financiamiento externo, y de los mecanismos concretos de recuperación económica, y que, por último, no se toma una posición ante el "costo social" de la crisis. Los análisis de alabanza consideran que, esencialmente, el PND representa una visión correcta de los problemas que aquejan al país, que propone soluciones concretas y define, por encima de todo, el papel rector del Estado en el proceso de recuperación económica. En este sentido, el Estado es el garante sin titubeos de paz social y solidez para los próximos años difíciles.
Es indudable que, desde el punto de vista de debate formal, cada lado presenta argumentos que llevan al pueblo a un callejón sin salida: la impresión que deja es que se discute la fenomenología de países distintos.
Otra perspectiva del problema nos permitiría tener una visión, no del PND, sino de lo que sucede en el país, en términos económicos y, eventualmente, sociales y políticos.
México se encuentra hoy en una profunda crisis de las ganancias de las empresas. La recuperación económica se entiende como la recuperación de los niveles de ganancia que tenía la clase capitalista "antes" de la crisis. El grave problema es que, bajo el esquema de producción tradicional, existente, en gran medida, desde la Presidencia de Miguel Alemán, no es posible recuperar los mismos niveles de ganancia.
El desarrollo de una productividad extranjera superior a la de la industria mexicana (lo cual significa competencia con mayor capacidad de ganancias, en relación a la industria nacional) ha hecho revolucionar objetivamente las naciones de intercambio de mercancías a nivel internacional y nacional. Y, la misma situación ha generado una mayor dependencia mexicana hacia el mercado y capital extranjero. Así, en el mundo complejo de interrelación económica, donde el capital extranjero busca condiciones para asegurar y aumentar sus ganancias ya de por sí superiores, se orienta el ojo inversionista a un país como el nuestro. Para capitales norteamericanos las ventajas son obvias: salarios bajos, control político relativamente eficaz, materias primas abundantes, importantes exenciones de impuestos, cercanía al mercado norteamericano.
Con la economía nacional objetivamente doblegada ante la banca internacional, se presenta hoy el proceso de extranjerización industrial de la economía: no sólo se convierte al país en un Taiwán (como lo dice textualmente el gobierno del estado de Morelos), produciendo artículos baratos para el mercado mundial capitalista, sino también se advierte el proceso de abrir el mercado interno mexicano a productos extranjeros, cuyos precios inferiores se debe a su mayor productividad de la fuerza de trabajo.
A diferencia de Hong Kong, Singapur, Taiwán, etc., cuyo aporte a la riqueza capitalista mundial es debido a la fuerza de trabajo barata, en México, además de la fuerza de trabajo barata, tenemos un mercado interno relativamente desarrollado que puede servir como otro estímulo a la economía norteamericana: 70 millones de consumidores potenciales de licuadoras, radios, televisores, más refrescos de los que ya tenemos, etc., no es nada despreciable. Esta tendencia estructural de la economía ya se observa: las empresas transnacionales se establecen tranquilamente en el país con el 100% del capital a su nombre y, a partir de la visita de Shultz, la apertura de las fronteras es una cuestión de tiempo.
Ante este proceso objetivo e histórico, no producto de un hombre sino de un sistema, el PND resulta un discurso ajeno, aislado e incoherente. ¿Dónde está el diálogo con los problemas reales? ¿Cómo es que se predica la racionalización de un sistema que va, de hecho, en otra dirección?
El terror a reconocer el rumbo objetivo que toma la economía nacional se hace patente en el PND. En esto estriba su debilidad esencial, no en otra cosa.
México, como país semicolonial, ha tomado su lugar en las gradas del partido mundial de la economía.
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Es un espectador humillado y arrodillado. No puede pagar sus deudas, no puede producir suficientes alimentos (mientras alimenta otros pueblos) y la industria se caracteriza por las quiebras. El pueblo trabajador se debate en la miseria.
La falta de soluciones reales, por parte de los sectores de la burguesía nacional, hace surgir, con fuerza, las dos alternativas históricas que tiene nuestro país: ante la debilidad del capital nacional, el establecimiento de la presencia del capital internacional como factor determinante en lo político y en lo económico, o la transformación completa de la lógica hacia una de corte clasista-defensa de una economía, y un poder político, centrado en el proletariado y sus aliados. Estas alternativas levantan la cabeza justamente cuando la debilidad se muestra en todo su esplendor.