Unidad y trabajadores
Por RICARDO PASCOE PIERCE
En efecto, la unidad de los trabajadores es, hoy por hoy, el problema central en la estrategia de la lucha revolucionaria. Ha sido considerado el problema fundamental por Marx y Engels: de ahí la Asociación Internacional de Trabajadores. Inmediatamente consumada la Revolución rusa, se constituye la Tercera Internacional, cuyo objetivo central era construir la unidad revolucionaria de los trabajadores de todo el mundo. Tampoco nos puede sorprender que, una vez eliminada la Tercera Internacional por la estrategia estaliniana, haya surgido, en las filas del Movimiento Obrero Internacional, la Cuarta Internacional.
Visto así el problema de la unidad, resulta que no es un problema de coyuntura, ni de conveniencia de algunos. Es, ni más ni menos, que el problema central al que tienen que abocarse los revolucionarios de todo el mundo.
La unidad debe forjarse en todos los niveles, y en función de todas las necesidades del movimiento de masas. Imposible resulta pensar que la justificación de la unidad es que “el movimiento ya lo exige”. O que entre unos cuantos resulta conveniente, por razones particulares. Esta lógica entraña, realmente, la esencia del argumento opuesto: la unidad no es instrumento de lucha necesaria e incondicional del movimiento.
En nuestro contexto, la lógica implacable de la no-unidad permea el conjunto de la sociedad. El Movimiento Obrero ha funcionado siempre dividido por los intereses políticos y económicos de sus dirigentes; el sindicalismo independiente se ha mantenido dividido con la misma lógica: existen intereses y proyectos diferentes, y cada proyecto camina por su ruta. Es la misma situación en el movimiento campesino y popular.
La reforma política ha sido manejada con el mismo criterio divisorio: cada partido, particularmente de oposición, está en contra de los otros, y, en su conjunto, son presa fácil del priísmo. Por ejemplo, cuando el PRI-Gobierno le negó al PRT su ingreso legítimo a la Cámara de Diputados el año pasado, el mismo PRI-Gobierno contó con el aval, a veces explícito y a veces implícito, del resto de los partidos de oposición.
Vivimos en una sociedad acostumbrada a la división y a la debilidad opositora.
Ante esta realidad, resulta tarea indispensable levantar el llamado a la unidad como pieza central de la estrategia revolucionaria en contra del régimen gobernante.
Repetimos: no la unidad que lleva, implícito, la desunión. No, la unidad de acción, los acuerdos inmediatos y mediatos, la construcción del frente único de todas las fuerzas políticas obreras y proletarias del país. También en el terreno de los partidos de los revolucionarios. Es indispensable impulsar un proyecto político de convergencia de los revolucionarios en las grandes, y pequeñas, acciones de masas.
El grave problema del método, del cómo, incide directamente. La unidad no se persigue porque los trabajadores sienten el agua por el cuello, o porque los partidos que se reclaman de los trabajadores también, o porque se vea como una salida a la ineficacia política; no, la unidad se plantea como método indiscriminado para las acciones de las masas. En efecto, la unidad hace la fuerza. Y de esa fuerza surgen nuevas fuerzas, y nuevos dirigentes, que a veces no son los que quisieran estar al frente de los acontecimientos. Pero, lo cierto es que el obstaculizar este proceso unitario, planteando la unidad con unos, y no con otros, es, objetivamente, traición al movimiento. Por todo esto, el problema del método no es casual ni irrelevante; es un problema que debe ser visto en su justa dimensión, y digno de tomarse en cuenta.
Existen condiciones para impulsar una amplia unidad de acción y de organización de los trabajadores. Dentro de las organizaciones oficiales de trabajadores, y fuera de ellas. Las lecciones de la historia cuentan aquí: o sabremos imponer nuevos métodos de trabajo, priorizando la unidad de todos los trabajadores, en sindicatos, ejidos, colonias populares, y en los procesos políticos y electorales, o la austeridad ganará nuevas víctimas, y postrará aún más al proletariado.