Shultz en México
Por RICARDO PASCOE PIERCE
¿Cuál fue el objetivo de la visita del secretario de Estado norteamericano a México? Imposible resulta contestar la pregunta sin indagar, primero, en la relación político-económica entre los dos países. Además, resulta importante situar dichas relaciones a la luz de comunicados de prensa, generados por las propias reuniones, que, en efecto, no decían nada. El hecho de no decir nada, inferimos, insinúa que hubo un conjunto de decisiones tomadas de trascendencia que no han sido explicadas.
Común es decir que nuestro país depende de la economía norteamericana. Más preciso sería decir que nuestra economía es, en verdad, una extensión importante de la economía norteamericana, incluso con incidencia en el flujo de bienes y servicios en el mercado interno. Cuando hablamos de México como país que tiene una relación semicolonialmente con Estados Unidos, no es por acuñar frases, sino por describir lo más exactamente posible la relación: jurídica y políticamente, es una de subordinación, dependencia y explotación. Así vista la relación, resulta evidente que la independencia política y jurídica es un formalismo: existe una relación política entre México y Estados Unidos que tiende, históricamente, a abrir espacios de control real de éste sobre aquél.
En los últimos sesenta años nuestro país nunca se ha encontrado más cerca a un claro "hegemonismo" por parte de Estados Unidos sobre la dirección política y económica del país. Y no es casual: la política económica de la "familia revolucionaria" ha llevado al país al borde del colapso.
En efecto, si aún no hay hambre masiva, si aún no deja de trabajar por completo la planta industrial del país, es porque el Gobierno ha contratado compromisos económicos y políticos en el extranjero, lo cual ha permitido mantener a flote la economía nacional. Pero, la crisis económica es debilidad; los errores de política económica hacen aflorar la debilidad; la corrupción es signo de que el barco se hunde, y eso es debilidad, la incapacidad del Gobierno de conducir al país es debilidad.
Si aún no hay hambre en el país, es porque Estados Unidos nos vende alimentos con créditos, a pesar de que las transnacionales envasadoras y enlatadoras de alimentos reciben grandes estímulos por parte del Gobierno mexicano; el desempleo urbano es galopante, por cierres en las industrias nacionales, a pesar de que hoy se plantea hacer "caso omiso" de la Ley de Inversiones Extranjeras, a fin de impulsar inversiones extranjeras en el país, bajo el ya falso argumento de resolver el problema del empleo de los trabajadores mexicanos.
Lo que encontró Shultz en México fue un país, pero en particular un Gobierno, arrodillado y débil, siguiendo las pautas del Fondo Monetario Internacional. Pero... no era suficiente. Shultz buscaba acuerdos más profundos sobre política económica y exterior. El hecho de que estuviera presente, por parte de México, además del secretario de Relaciones Exteriores, también el de Hacienda y Crédito Público, era muy ilustrativo de los dos problemas en cartera: economía y política exterior.
En materia económica, es evidente lo que buscaba Shultz: un acuerdo bilateral, fuera del marco del GATT, a efecto de reducir las barreras proteccionistas mexicanas, y así, provocar la introducción al mercado nacional de productos manufacturados y extranjeros. La misma Canacintra reconoce ésta situación, y llama al Gobierno a no ceder ante las presiones. Hay quienes afirman que el Gobierno ya cedió ante las presiones, y que, dentro de poco tiempo, la economía nacional conocerá, en carne propia, el resultado de dicha negociación. Puesto que, para obtener ciertas ventajas en los términos del intercambio, este acuerdo significará otra devaluación, ésta se dará probablemente siguiendo la próxima alza salarial, programada para el 1o. de mayo. Esto hace explicará, en parte solamente, la relativa tranquilidad con que el Gobierno asume una nueva alza salarial para los trabajadores.
De esta manera, Estados Unidos trata de resolver su crisis económica, estableciendo barreras proteccionista al interior de su propia economía y exigiendo la apertura de mercados externos, con la eliminación de barreras similares.
Estas medidas económicas tienen, además, su corolario político: se pretende asegurar que México camine por las grandes avenidas de la competencia privada, además de asegurar su conversión en un Puerto Rico sui generis.
Hoy México se debate entre su condición semicolonial y colonial. Indudablemente se plantea una regresión histórica de grandes repercusiones en el terreno económico así como en el plano de las libertades democráticas y de las organizaciones sociales y políticas, y su ejercicio de formas de expresión y consecución de sus demandas, todos derechos obtenidos con un enorme costo social. Correlativamente, plantear que es el momento para una estrategia defensiva y de retirada de la lucha social para mejor poder resistir los embates de la historia, no solamente es un error, es una claudicación. La situación hoy requiere de lucidez e inteligencia; pero, también requiere de disposición a defender las conquistas ganadas: allí está la primera trinchera.