La ruta del país
Por RICARDO PASCOE PIERCE
LAS tareas del proletariado mexicano se dificultan frente a una situación nacional e internacional en extremo compleja. En el plano internacional, es evidente que el imperialismo norteamericano está logrando objetivos importantes: el aislamiento regional de Nicaragua y del FMLN empieza a darse, además de la disposición norteamericana a intervenir militarmente de manera más decisiva. Lo que se observa, a nivel latinoamericano, es una derechización de los gobiernos, además de la intención de los norteamericanos de propinarle un golpe de muerte a los revolucionarios centroamericanos, y a los pueblos latinoamericanos en general que se atreven a levantar la cabeza y reclamar libertades democráticas elementales. En resumen, el imperialismo busca derrotar a los pueblos, y a mantener la sumisión de las burguesías nacionales latinoamericanas a sus propósitos de acumulación capitalista, para salir de la crisis. De su crisis.
Ante las presiones imperialistas extremadamente fuertes, el régimen gobernante mexicano no ha tenido capacidad de resistencia. Encontrándose aislado internamente, debido a la política económica y social de la familia revolucionaria, y basándose exclusivamente en la fuerza administrativo-política del aparato gubernamental, sin capacidad de convocar y movilizar a las masas, el régimen ha iniciado un deslizamiento económico y político hacia las posturas de los sectores más reaccionarios de la burguesía nacional e internacional.
La venta de Renault y VAM al capital extranjero, acompañado de una amplia explicación de cómo la Ley sobre Inversiones Extranjeras sí permite que el 100% de los capitales estén en manos de extranjeros, además de la intención de indemnizar a los ex banqueros, acompañado de la desnacionalización de un amplio sector de la industria que había sido recogido por la banca nacionalizada, son decisiones políticas de mucho mayor trascendencia que la de enjuiciar a Díaz Serrano. Dicho caso genera la sensación de ser un buscapiés, por lo tan sensacional y sensacionalista del caso, más que por el caso en sí. Qué bueno que sea juzgado y, ojalá condenado; sin embargo, Díaz Serrano no es el problema central del pueblo trabajador, lo es la carestía y, en resumen, la política económica que sigue el régimen. Es, por lo tanto, dudoso que el caso Díaz Serrano le sea útil al pueblo. Sin embargo, a quien le va a servir es al Gobierno, pues podrá justificar sus "victorias" electorales en juego en cinco estados de la República. He aquí el problema, no de levantar demandas democráticas, sino de perderse en ellas.
El imperialismo norteamericano busca, fundamentalmente, establecer una nueva relación económica con nuestro país. Dicha relación tiene ciertas bases: para que México pueda seguir gozando de créditos externos (dinero fresco, según S. Herzog) además de los granos básicos para ahuyentar el espectro del hambre en el país (granos que, por cierto, se pudren en graneros norteamericanos porque no es buen negocio venderlos ahora), es necesario seguir los dictados del FMI y del Gobierno norteamericano. ¿Qué exigen de nosotros? Reducción del déficit presupuestal, reducción a los subsidios improductivos (léase gasto social), control salarial, sin control de precios (para que éstos, particularmente alimentos y energéticos, alcanzan su precio "natural" de mercado libre), posibilidad de inversiones extranjeras con 100% de capital foráneo, además de otros beneficios, particularmente en el terreno de impuestos, apertura del mercado interno a productos manufacturados para competir con los mismos productos nacionales, venta de empresas paraestatales "no estratégicas" (tales como Renault y VAM).
Es decir, se pretende subordinar a nuestro país al mercado interno norteamericano, y a sus necesidades de acumulación capitalista. Es ante este proceso que hemos declarado débil e incapaz el régimen mexicano actual: no tiene la fuerza para resistir los embates del imperialismo. Ni fuerza económica, pero particularmente política social.
Las elecciones estatales del día de ayer reflejaron este hecho: no es posible gobernar con el aparato. Es necesario contar con un consenso social real. Viendo detrás de las apariencias, resulta que la estadística electoral de nuestro país demuestra conforme se tergiversa más y más la crisis de legitimidad y solidez del régimen gobernante.
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LA RUTA DEL PAÍS (CONTINUA DE LA PAGINA 5)
Los trabajadores tenemos tareas arduas frente a esta situación. En primer término, es necesario profundizar las demandas democráticas. Del libre ejercicio de la democracia dentro de las organizaciones de los trabajadores. Del libre ejercicio de expresión. Ante los acontecimientos universitarios y de Uramex, es evidente que la democracia peligra. Cuando un régimen encuentra más lógico pagar a ex banqueros que a los trabajadores, se avecinan problemas sociales de magnitud. En segundo lugar, se encuentra las tareas de estructurar las alternativas económicas, políticas y sociales que respondan a los intereses de los trabajadores, por fuera de la orientación del régimen favorecedor del capital extranjero. Y, por último, las tareas de los trabajadores deben culminar en organizaciones propias, representativas de los intereses propios del proletariado.
En la medida en que el proyecto del régimen, cada vez más aislado socialmente, es de favorecer los intereses de la banca internacional, en esa misma proporción se hace indispensable estructurar la alternativa de los trabajadores. La historia de los países subordinados es la misma: o se va por el camino del capital extranjero, o se sigue la ruta de los trabajadores. Es cada vez más claro que no hay caminos intermedios.