La crisis
Por RICARDO PASCOE PIERCE
Es ya común hablar de la crisis, para referirse a muchas y variadas cosas. En efecto, no es casual el hecho de que la palabra crisis sea utilizada en prácticamente cualquier ambiente, para referirse a cualquier descalabro. En particular, cuando nuestros gobernantes entran "en crisis", es porque las cosas han llegado a un punto en que la crisis permea todo, consume todo, define todo.
En las últimas semanas, dos discursos han reflejado con toda claridad la crisis de nuestros gobernantes como espejo de la crisis global de la sociedad mexicana: Tanto el Presidente López Portillo como Silva Herzog, secretario de Hacienda y Crédito Público han tomado la palabra para explicar a distintos sectores políticos y sociales el origen, coyuntura y perspectivas de la crisis económica que azota al país. Los dos discursos, en estilos y momentos diferentes, decían exactamente lo mismo. Este hecho —que dijeran lo mismo— refleja un primer nivel de crisis, pues resulta que el discurso oficial, en tanto carente de una visión global de la situación económica del país, ofrece una alternativa sin contenido para resolver los problemas del país. Para cegarnos se ciegan los gobernantes, y nos informan que la crisis es "simplemente" financiera, que no va más allá, a pesar de que las medidas oficiales ulteriores van dirigidas a otros renglones de la economía. Como consecuencia de su propio discurso enajenado, se oscurece la verdadera profundidad y alcance de la crisis económica, además de suponer que, ciertas condiciones internacionales aparte, la economía mexicana va por el camino correcto.
El segundo nivel de crisis se percibe cuando a pesar de todos los indicadores y acontecimientos, se insiste: petróleo y crédito externo son la opción viable y abierta para México. La burguesía saquea al país —a pesar de lo que se dice— y no hay reinversión de las ganancias para consolidar y ampliar la planta industrial. Por tanto, la ilusión desértica de que los pozos y una banca amistosa resolverán lo que el capital no puede, es justamente eso: una ilusión, sin bases ni fundamentos. México es un país saqueado por sus propios capitalistas, quienes se dicen muy empeñados en resolver los "grandes problemas nacionales".
Es evidente que los gobernantes no tienen soluciones para los problemas nacionales, incluso, es claro que jamás estuvieron más carentes de disposición para solucionarlos más allá de los paliativos de coyuntura. Por tanto, se deduce temor a la situación, temor a las reacciones que esto pudiera provocar en los sectores políticos más reaccionarios, interna y externamente.
Y, por último ¿qué es lo que no dicen nuestros gobernantes? Lo que no dicen, y otros avalan en silencio, es que el pueblo trabajador va a pagar los platos rotos de la incompetencia, corrupción y falta de visión de los gobernantes, y del afán de saqueo y avaricia de una burguesía nacional que nada tiene de nacionalista. Se habla de un millón de despedidos para diciembre; otros han dicho que el 70% de la fuerza de trabajo estará desempleada para fines de este año. Lo cierto es que la política de las empresas incluye, como parte fundamental de su "estrategia" de recuperación, el despido masivo y la reducción de los costos de la fuerza de trabajo, tanto en salarios como en prestaciones sociales.
Los trabajadores pagarán la crisis con miseria y los gobernantes tratan de convencer de que es un problema financiero.
Como derivado de toda la situación, hay una crisis de credibilidad de los mismos gobernantes, enfrentados a su incapacidad e indisposición por dar salidas a la situación. Y es evidente de que en materia económica y política, no ha llegado lo peor.
Tanto apoyo del extranjero no llega simplemente porque existe buena voluntad. Hay acuerdos políticos y económicos de fondo que el pueblo, víctima de la nueva política económica del régimen, tiene derecho a enjuiciar. Se sabe, por ejemplo, que México ha cortado todo su apoyo material al gobierno sandinista y esperamos medidas severas en relación al resto de América Central. El imperialismo norteamericano presiona para mejorar las condiciones de una segura intervención militar masiva en El Salvador, Honduras y Nicaragua. Curiosamente, la crisis mexicana viene en un momento que convino perfectamente a...
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Recuadro de Continuación
8 EL UNIVERSALLa crisis(CONTINÚA DE LA PÁGINA 5)
...los intereses norteamericanos en la región y abrió una negociación obligada donde México es el único perdedor. ¿Qué otras condiciones políticas y económicas han sido aceptadas por el régimen?
Estamos ante el fenómeno de un presidente saliente, derrotado por la situación y fracasado en su proyecto, y un candidato electo entrante, con un mandato histórico para gobernar. Son los dos últimos elementos de crisis que analizaremos. La gran burguesía nacional e internacional son cada día más fuertes, pues estamos en un periodo en que sus ganancias son sustanciales. La concentración de la riqueza es cada día más acentuada, y, como contraste necesario, el pueblo es cada día más miserable. Esto es el capitalismo, y por tanto, el presidente saliente ha hecho lo que tenía que hacer para mantener el sistema, mientras el candidato electo enfrentará la necesidad de mantener el estado actual de cosas, con el costo social y político que exija la situación.
Ante esto, el único amigo y aliado que tiene el trabajador es el trabajador mismo. Tendrá que unirse para enfrentar juntos a los gobernantes que tienen otros intereses.