Gobierno ante sociedad
Por RICARDO PASCOE PIERCE
El gobierno del Presidente Miguel de la Madrid ha hecho una gran campaña con el objetivo de establecer las grandes diferencias entre éste, y anteriores gobiernos. La intención es clara: el desprestigio del sistema requiere del remozamiento regular de la imagen política de los gobernantes. Sin embargo, la campaña ha sido intensa: renovación moral, lucha contra la corrupción, realzamiento de los llamados valores y símbolos nacionales, nuevos proyectos económicos y políticos, nuevas caras al mando de las secretarías, etc.
Paralelamente, la crisis del sistema nunca ha sido más profunda y, desde el punto de vista de estructura, insoluble. La sequía y la carencia tradicional de créditos para el campesino, se combinan para crear un cuadro desastroso en lo tocante a la alimentación del pueblo. Los despidos y cierres de fábricas lanzan a miles de trabajadores a las calles de las zonas urbanas del país. La clase media no paga las tenencias de sus autos, y los industriales anuncian que este año no pagarán impuestos debido a que no han tenido ganancias.
Ante estos hechos, y estas condiciones objetivas, el Gobierno, entendido como sistema de dominación, se sitúa dentro de la misma lógica política del PRI-Gobierno en condiciones históricas anteriores. Los requerimientos del sistema para sobrevivir —o sea, la mantención de la dominación priista sobre estructuras sociales y políticas en el conjunto de la sociedad mexicana— sigue basándose en la coacción como característica del sistema. La corrupción, como fenómeno estructural del sistema político mexicano, no puede borrarse del mapa con la "buena voluntad" de una persona. La corrupción es un elemento que mantiene el sistema de relaciones políticas entre las clases vivas. La corrupción es complicidad, pero también es un elemento unificador del conjunto de las relaciones pluriclasistas, tal y como se dan dentro del PRI.
Para lograr todo lo que ha dicho que pretende lograr, Miguel de la Madrid tendría que lanzarse en contra del sistema político mexicano, el mismo que lo nombró Presidente de la República. Una reseña de los primeros meses de su gobierno de muestran que no existe la voluntad política para hacer tal cosa. Ni, seguramente, el interés real.
El Gobierno tiene, ante la sociedad, un papel que jugar. Ese papel es, desde el punto de vista de las relaciones políticas, el de hacer congruentes los intereses contradictorios de clase que se conjuntan al interior del PRI. De no hacerlo, el Gobierno mexicano, tal y como lo conocemos, no tendría razón de ser.
El proyecto político del Gobierno actual, montado en una política económica austera, tiende a romper con el sistema político tal y como existe hoy en México. La capacidad, y flexibilidad, del Gobierno de negociar intereses se ha reducido notoriamente. En efecto, la intención del proyecto económico es de reactivar la economía sobre la base del desempleo y la pauperización de las grandes masas trabajadoras del país. Esto, por definición, hace imposible la reconciliación policlasista. Las bases de sustento del mismo Gobierno cambian: hoy el Ejército juega el papel doble de aparato ordenador y base social de sustento. Ante el alejamiento de fuerzas sociales reales, el Gobierno sustituye el apoyo recibido para convertirse, paulatinamente, también en víctima de su propia base social.
Esto plantea dos cosas, fundamentalmente: primero, de que estamos frente a un proceso objetivo de transformación del Estado mexicano, y la relación gobierno-sociedad, mientras que, por el otro lado, nos enfrentamos a la carencia de proyectos sólidos de los trabajadores de recambio, vía el acceso al poder.
Estos dos elementos son, desde nuestro punto de vista, los puntos de partida para el análisis de lo que hoy sucede en la sociedad mexicana, hacia donde vamos y las perspectivas. Es el momento de análisis cuidadoso, y con visión estratégica. El futuro va a depender, en mucho, de lo que hoy se concluya.