La izquierda en la disyuntiva
Por RICARDO PASCOE PIERCE
LAS próximas elecciones han planteado serios problemas para la unidad de la izquierda en México. Son problemas de importancia, y van a afectar el curso que tomará la organización y consolidación de los partidos obreros, sus formas de expresión y su arraigo en el movimiento de masas. Finalmente, lo que está en juego no es un solo partido, sino el socialismo. Justamente por esto, es que se hace tan importante esclarecer el momento político en el cual nos encontramos, el problema de la unidad de la izquierda y la posición del PRI-gobierno.
La crisis económica y política del país se ha agudizado extraordinariamente; de hecho, la devaluación del peso mexicano y la reducción del gasto público, aunado al crecimiento acelerado del desempleo, generan una situación preelectoral de crisis. Aún el control priísta sobre la clase obrera y el campesinado o resuelve la profunda crisis, pues las expresiones de descontento y desafecto al régimen se extienden por todo el país.
Hoy, según versiones periodísticas, al mismo PRI debate en su seno la viabilidad de la Reforma Política, tal y como se le ha conocido hasta la fecha. Se rumora que este problema es central para la designación, por parte de De la Madrid, del próximo secretario de Gobernación. El debate se centra en la necesidad que tiene el llamado "Sistema" de imponer soluciones a la crisis; o sea, un modelo más tajante en su imposición y autoritarismo que el actual.
La economía mexicana está sufriendo una profunda transformación, en términos de su monopolización y concentración de capital. El proceso no es nuevo; lo que sí es nuevo es su expresión política: el hecho de que el Gobierno mexicano tenga que dictar política económica hecha expresamente para los monopolios y las transnacionales. La "neutralidad" del Estado mexicano, imagen importante para el control de las masas populares, se resquebraja: ya no puede jugar al populismo con una crisis tan profunda encima. Debe definir con quién juega para superar la crisis: y resulta que juega con el gran capital.
Ante esta crisis del capitalismo mexicano, ante el macabro espectro de más miseria, opresión y represión, la izquierda tiene la gran responsabilidad de definirse. ¿Es posible definirse en torno a un proyecto que haga perdurar el capitalismo en México? Las opciones no pueden, ni deben, ser presentadas como entre un "mal" capitalismo o un "buen" capitalismo; las cosas deben ser presentadas en términos de las clases sociales en México: entre trabajadores y patrones. En realidad la cosa es simple, aunque hay una marcada tendencia a complicarla.
Hay, por tanto, dos salidas reales a la situación del país, aunque los académicos-hechos-políticos buscan matices: la salida del capital, y la salida proletaria a la crisis. Y, hay que decirlo, son salidas radicalmente diferentes. Finalmente, es ante esto lo que se tienen que definir en la izquierda.
Recientemente el PSUM anunció un proyecto para dar una salida democrática a la crisis. Es un proyecto de perduración del capital, basado en su recomposición y reorganización. Por otro lado, anuncia su disposición a buscar acuerdos con el PRI justamente para lograr la salida a la crisis. Lamentamos esta proposición del PSUM por varias razones. En primer lugar, porque en un periodo electoral con las características del actual, suena a un llamado a alianza para resolver problemas electorales, mas no del país. Suena a auxilio. En todo caso, lo que el PSUM debiera entender es que si pierde votos, no es por obra de otras organizaciones contendientes; es culpa del PSUM mismo, de su política y práctica electoral en un país en crisis.
En segundo lugar, el poner en el centro de la discusión la alianza entre trabajadores y patrones logra confundir a todos aquellos sectores de la población que hoy, ante la grave situación, se despiertan y buscan alternativas de clase, no alianzas entre clases, que es, justamente, lo que el PRI ha obligado durante su ya largo reino. La campaña electoral debe servir para crear conciencia de su fuerza a la clase trabajadora del país, mas no para hacernos sentir, de nueva cuenta, sujetos a una alianza con la "clase poderosa".
En tercer lugar, la importancia táctica de las elecciones se confunde decisivamente con el impulso al parlamentarismo, y la idea de obtener espacios a cualquier costo. Es preciso educar a nuestro pueblo en otra tradición: la de su propia representatividad y su propia voz. No es posible, ni deseable, ni útil para los trabajadores, llegar a la Cámara de Diputados con la voz coartada. Las propuestas de alianzas entre clases ligan inexorablemente a eso.
Es necesario que la izquierda discuta los problemas del movimiento de masas hoy en día; es necesario limar asperezas para arribar a un acuerdo entre las fuerzas de izquierda para enfrentar, como bloque, la crisis económica, política y social, ofreciendo y organizando una salida proletaria a la crisis. La campaña electoral debe servir para ofrecer alternativas organizativas para un pueblo aún profundamente desorganizado; debe ofrecer opciones políticas e ideológicas para combatir la imposición de la austeridad económica; la campaña debe fortalecer al pueblo y su identidad como pueblo capaz de solucionar sus demandas a través de la lucha.
En particular, el PSUM y el PRT tienen la responsabilidad de avanzar en este camino. La campaña electoral de 1982 puede, aún, ser un hito en la lucha de masas en nuestro país, si es que se logra articular un proyecto como izquierda, proyecto representativo de los intereses mediatos e inmediatos de nuestro pueblo trabajador.