Escala móvil de precios
Por RICARDO PASCOE PIERCE
CON la turbulencia económica y política de la semana que concluye, quedó en el olvido el decreto mediante el cual se aumentó en un 100% el costo del kilo de la tortilla. Justamente por la complejidad del fenómeno económico contemporáneo, particularmente las alzas de precios y la devaluación del peso, se hace necesario detenernos para comentar las implicaciones políticas y económicas del alza en el precio de la tortilla.
El decreto tiene dos aspectos fundamentales: por un lado, establece un conjunto de estímulos fiscales destinados a crear incentivos a los dueños de la rama a producir más, asegurando sus ganancias, y, por el otro, establece un mecanismo para permitir aumentos automáticos en el precio de la tortilla cada vez que sube el salario mínimo. El primer aspecto (estímulos fiscales) contradice de entrada la política económica que supuestamente enarbola el Gobierno federal, la cual exalta las virtudes de eliminar los subsidios. De hecho, las exenciones y estímulos fiscales son formas particulares de subsidio a cualquier sector económico. El Gobierno ha justificado el aumento en el precio de la tortilla alegando reducción de subsidios; sin embargo, subsidia a los dueños de la rama.
Por otro lado, es cierto que el Gobierno federal deja de subsistir el consumo popular al aumentar en un 100% el precio de la tortilla. En realidad, el Gobierno elimina subsidios en una parte del proceso (consumidor), para aparecerlos en otra (dueños de la rama). Aun así, el decreto va mucho más lejos en materia económica, y de política económica del régimen. En los Lineamientos Generales de Política se señala: "Para que los artículos puedan considerarse como básicos de consumo popular, es necesario adecuar su precio de venta a la capacidad adquisitiva real de los consumidores que se refleja en los niveles vigentes del salario mínimo." Además de aumentar el precio de la tortilla, el Gobierno reconoce su metodología para arribar a esta conclusión: establece una relación cuantitativa entre precio y salario mínimo. El decreto señala, en efecto, que existe un factor que "define las características mínimas para la masa y las tortillas, así como los niveles máximos de precios, expresado en días de salario mínimo que serán aplicables anualmente". Este factor es señalado, sin embargo, no solamente para el alza más reciente, sino también para alzas automáticas (en relación al salario mínimo) en 1983, 1984 y 1985, y en las cinco zonas del salario mínimo a nivel nacional.
Por tanto, el decreto establece dos relaciones entre precio y salario mínimo:
- Una relación porcentual entre precio y salario, de tal suerte que el precio del kilo de tortilla siempre "costará" la misma relación. La relación anterior entre precio ($5.50) y salario o ($10,920.00) fue de 0.050%; con el aumento del 100% en el precio la relación ahora se establece en el 0.100%, en 1983 será del 0.099%, en 1984 del 0.098% y en 1985 será del 0.097%. La idea novedosa es que el precio del kilo de tortilla siempre significará casi el 0.100% del salario mínimo diario del trabajador.
- Puesto que el precio subirá en función de los aumentos al salario mínimo, resulta que, suponiendo aumentos anuales del 20% al salario mínimo de aquí a 1985, el salario obrero subirá 72.79%, mientras el kilo de tortilla subirá 242.18%. Los datos hablan por sí mismos.
Si este mismo método se estableciese para el conjunto de productos básicos de consumo popular, estaríamos frente a un caso de administración patronal perfecta: la programación a priori del gasto obrero, desde el escritorio del patrón. Estas formas de administración capitalista de la crisis económica no dejan de tener una reminiscencia de las concepciones económicas fascistas, al adjudicarse un elemento extraño a la clase obrera, la representación y representatividad de la misma, y, por tanto, con poderes extraordinarios para decidir, sin consulta ni venia, el destino de su salario.
Como lo hemos demostrado, el salario obrero jamás alcanzará proporcionalmente el precio del kilo de tortilla, a menos de que se implante la escala móvil de salarios. Sin embargo, esta proposición merece un comentario. La escala móvil de salarios se implanta, se impone, cuando la clase obrera se encuentra...
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Escala móvil de precios
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...en una situación ofensiva. Con la escala móvil de salarios, la clase obrera reta al capital: sube tus precios y haré que suban mis salarios —es un enfrentamiento entre fuerzas opuestas, pero fuertes. La escala móvil de precios, decretada por la Secom, es un reto y amenaza lanzada a la clase obrera: sube tus salarios, y subiré mis precios. El reto viene al revés, y justamente por eso su peligrosidad: demuestra que el Estado mexicano percibe a la clase obrera como débil y fragmentada, como incapaz de defenderse ante una ofensiva de austeridad capitalista. Hoy, como nunca en su historia, la clase trabajadora debe mostrar su independencia de clase y su capacidad de defensa. De no ser así, sufrirá condiciones de vida devastadoras.