RICARDO PASCOE 1990/09/09

Libre comercio y debilidad gubernamental. El Universal. 10 de septiembre 1990 

Libre comercio y debilidad gubernamental
Por RICARDO PASCOE PIERCE
QUEDO instalada una comisión especial para estudiar las modalidades del acuerdo del libre comercio entre Estados Unidos y nuestro país. Este acuerdo de libre comercio pretende inscribirse en una nueva estrategia de relación con el vecino del Norte. En esta virtud, resulta más que evidente que hay un número importante de asuntos relacionados no solamente con el acuerdo en sí, sino también con los problemas de una agenda más amplia. En efecto, el acuerdo de libre comercio es solamente parte de la agenda entre ambos pueblos. Para México es de la mayor importancia definir no solamente criterios y formas de trabajo en torno a un eventual acuerdo del libre comercio, sino también en torno a otros asuntos.
Una de las características centrales que conforma las relaciones entre dos naciones es la fuerza respectiva de cada gobierno. No solamente la fuerza del país como tal, sino también el valor y el carácter moral de sus dirigentes. Por esa razón, entonces, las relaciones binacionales entre México y Estados Unidos dependen en gran medida de la fuerza y la autoridad de sus respectivos gobiernos. El problema de México hoy es que enfrenta una situación de grave cuestionamiento interno y externo al poder público constituido. Tal cuestionamiento se deriva, de hecho, de acciones que ha realizado el propio Gobierno y que hacen ver la incongruencia entre el decir y el hacer. Las frases del más reciente discurso político significativo de Salinas de Gortari, anunciado ante la asamblea nacional del PRI, reflejan su sentir y el de algunos de sus más cercanos colaboradores, en el sentido de que los problemas políticos deben ser encarados con severidad por parte de las autoridades. Según estos pronunciamientos, el papel de la democracia queda reducido a cierta expectación frente a acontecimientos ajenos, controlados siempre por actores políticos y sociales distintos a uno mismo. Esto repercute en las relaciones con Estados Unidos, pues el problema crucial que enfrenta México es la debilidad de su propio Gobierno. Esta debilidad, que surge del cuestionamiento hecho a los resultados de la elección presidencial de 1988, reitera el problema de origen: la falta de credibilidad del poder público federal.
En la agenda binacional surgen permanentemente temas, demandas y presiones que ponen en duda los elementos cruciales entre los dos países. Al discutir prácticamente cualquier tema, desde emigración y comercio, pasando por el narcotráfico y arribando, finalmente, al asunto de la deuda y la estrategia de crecimiento económico y desarrollo político interno, existe una propensión del Gobierno de Estados Unidos por presionar a México. Aspectos de política internacional y de equilibrios siempre han permitido a nuestro país sostener una distancia necesaria entre las fuerzas internacionales de presión, necesaria para mantener una posición equidistante entre las posturas norteamericanas y las demandas de América Latina. Esa situación ha empujado a México hacia la independencia política en la acción y el quehacer de muchos postulados y prácticas mismas de su política exterior. Porfirio Díaz entendió este problema con lucidez. Promovió deliberadamente las inversiones europeas como contrapeso a las norteamericanas, con la sencilla idea de que esa era la mejor forma de limitar la influencia política de la Casa Blanca en México. Sin embargo, al romper estos equilibrios, replanteándolos en términos de un sesgo notorio hacia el lado norteamericano se ha replanteado a fondo la situación política, interna y externa, de la nación. El hecho es que las presiones hacia México emanadas de la Casa Blanca y el Departamento de Estado han recibido respuesta como la que dio Salinas ante la petición norteamericana de que los países acudieran en su auxilio y legitimación en el golfo Pérsico, en contra de Irak. México ofreció enviar tropas para combatir a las hordas musulmanas en el Medio Oriente. Quizá la oferta fue en vano, en virtud de que se sabía que no iba a surtir ningún efecto. Sin embargo, tuvo el efecto interno de provocar una gran preocupación por la forma en que se deciden cuestiones de vital interés nacional e internacional, desechando los equilibrios que han defendido a la nación.
Cuando se discute la agenda binacional es necesario colocar los términos del debate hacia otros problemas. Por ejemplo, una de las bajas prioridades del Gobierno de México es la situación de los mexicanos residentes en Estados Unidos. Si bien ha habido ciertas protestas e irritaciones gubernamentales en relación con el trato dado a los mexicanos residentes en el país vecino, en términos de su prioridad en la agenda, se encuentra en uno de los últimos lugares. Lo que ha ocupado el espacio principal en la negociación binacional ha sido, primero, el problema de la deuda externa y, en segundo lugar, la factibilidad de crear una nueva relación comercial, junto con la lucha contra el narcotráfico. Estados Unidos ha buscado ventajas en esta relación, presionando para la apertura del mercado interno, el mantenimiento de salarios competitivos y la estabilidad laboral. Esta agenda es producto de la aceptación por parte del Gobierno nacional de que tales son las prioridades y en ese orden debieran ser discutidos los problemas.
La cuestión del acuerdo de libre comercio está directamente ligada a la fuerza o debilidad del Gobierno y a su capacidad de negociar con Estados Unidos. Es cada vez más evidente...
(CONTINÚA EN LA PAGINA 8)
 

 
 
 
Recuadro de continuación:
Libre comercio(CONTINÚA DE LA PAGINA 6)
...que no existe la fuerza política interna necesaria para negociar un acuerdo de libre comercio. Dadas las circunstancias actuales, esas negociaciones debieran cesar inmediatamente, no porque el logro de un acuerdo sea incorrecto, puesto que se vive en un mundo complejo e interdependiente en donde este tipo de acuerdos son inevitables, sino porque las condiciones necesarias para lograr un acuerdo exitoso que beneficie a México no están presentes. Ante la carencia de plena legitimidad del poder federal, es evidente que no es el momento para negociar un acuerdo de este tipo, que implicará la suscripción de convenios en todos los sectores productivos de la economía nacional. Este acuerdo de libre comercio debiera ser asumido como un asunto de interés estratégico y no como un asunto coyuntural.
 

Don Rodolfo ante las decisiones de su tiempo. El Universal .17 de septiembre 1990

La transición democrática .UAM XOCHIMILCO. 6 septiembre 1990

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