RICARDO PASCOE 1990/12/16

Los tiempos políticos. El Universal. 17 de diciembre 1990.

Los tiempos políticos
Por RICARDO PASCOE PIERCE
LA situación política sigue estando enredada y de difícil resolución. Salinas de Gortari viaja por todo el país, recibe atenciones efusivas del gobernador panista en Baja California, transita por una cantidad innarrable de estados de la República buscando resolver los problemas políticos y sociales que va encontrando a su paso. Se ha convertido en la suerte de mesías administrativo que busca cambiar todo lo que toca. Esta actividad frenética corresponde a la preocupación que existe por otorgarle mayor solidez y viabilidad al proyecto salinista desde el Gobierno.
Es evidente que las soluciones económicas no caminan. La crisis económica no ha encontrado salida, especialmente porque el régimen se basa en apoyos externos que no llegan ante la persistente crisis política. Salinas cuenta con el apoyo de la casta burocrática del poder, independientemente de sus divisiones internas, contradicciones o divergencias, pero sufre con su falta de legitimidad. El reciente fraude pone en entredicho el poder.
Por otro lado, arrecia el debate en el interior del PAN acerca de la conducta política a seguir por ese partido. La disputa por el liderazgo en el estado de México puede ser, parcialmente, una de carácter familiar que busca "apoderarse" de una entidad federativa. Sin embargo, este conflicto enmarca los designios y proyectos personales en una disputa política de mayor trascendencia. Se está debatiendo, en los partidos políticos reales, los problemas y caminos del cambio político y acerca de cómo debiera efectuarse este proceso.
En cada partido se debate esta cuestión, y viéndolo desde su punto de vista y tomando en cuenta lo que cada partido considera que sería lo más conveniente para sí, y para el país. Detrás de sus posiciones o luchas internas, el PAN está discutiendo cómo participar en un proceso de cambio sin que sea arrasado como partido por el movimiento popular cardenista que surgió en el '88. El proceso que conforma las posiciones políticas fundamentales parte del deseo de la sobrevivencia de los distintos partidos.
El PAN, ahora como partido democrático, representa una tradición y un caudal de votos muy amplio en todo el país. El PAN, ahora como partido de un programa conservador y limantourista, es representativo de un pequeño fragmento de la sociedad mexicana, por lo que no representa mayoritariamente una opción de cambio en la conducción política del país. Por esta razón, la disputa interna del PAN gira fundamentalmente en torno a la naturaleza y forma del cambio político.
El PAN sigue estando convencido, por lo menos en lo que es su dirección nacional, de que los tránsitos políticos tienen que darse mediante negociaciones con el régimen. El castigo a Paz Zarza, y su dirección estatal, se está dando en función de su aguerrida defensa de los votos panistas en la entidad mexiquense. Actitud que, según propias declaraciones de miembros de la dirección panista, habría puesto en peligro la negociación en torno a Mérida.
La pregunta es: si el PAN ganó en Mérida, ¿por qué tiene que negociar los votos del estado de México? Detrás de esta pregunta subsiste de la forma en que el panismo considera que puede abordar el tema del cambio político en el país. Al parecer considera que es su meta la de arribar a un pacto con el PRI para repartir el poder, no para hacer respetar el voto. Esta repartición del poder se da en función de criterios muy específicos: el poder se ejerce a partir de los partidos, no el voto otorgado por el pueblo. En tanto el PAN nunca ha estado en el poder, la posibilidad de acceder a algunos de sus espacios, como la gubernatura de Baja California, le ha abierto el deseo infrenable de participar en la dirección política del país, junto con el PRI siendo aún su comparsa. Es por esto que algunos panistas han llegado al extremo de afirmar que en México el poder se comparte.
El PRD representa otra opción y otra posición frente a este problema. El hecho de que se hable de la necesidad de un diálogo entre el perredismo y el Gobierno-PRI, expresa los términos conflictivos a que han llegado las cosas en la nación. Los temores que existen de que, de no darse un diálogo de este tipo, pudiera recrudecerse significativamente la tensión política, es un temor real porque el riesgo es real.
El problema es que, como lo demuestra el caso del PAN, existe una práctica que confirma la regla: la negociación política es transacción de principios y es acuerdo cupular a espaldas de los militantes de un partido y, más significativamente, a espaldas de los ciudadanos en general.
El dilema que enfrenta el país es el de buscar una forma de transitar hacia un régimen respetuoso del voto, sin que por ello exista descomposición institucional, pero modificando efectivamente el régimen de partido de Estado. El diálogo entre las fuerzas políticas debe de tener este sentido de cambiar la situación política del país. Otro, específicamente, el que se da entre PAN y Gobierno, no solamente no conduce a estos objetivos, sino que además es visto como transacción de intereses de grupos, no intereses de nación. Para el PRD, el diálogo debe apuntalar los grandes problemas nacionales, y dar cauce a su solución.
Este es el problema que se debate en los tiempos políticos actuales.

Aguililla en la mira. El Universal. 24 de diciembre 1990

¿México contra Irak? El Universal. 3 de diciembre 1990.

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