Disonancias y consistencias
RICARDO PASCOE PIERCE
LOS ECOS DEL INFORME PRESIDENCIAL HAN sido variados. En lo inmediato, tuvo un efecto positivo para el PAN y negativo para el binomio PRI-gobierno. La conducta de los diputados priistas los desenmascaró como legisladores de bajo nivel, incultos y tontos, rompiendo con la imagen de estadistas que han querido proyectar. Rompieron con la imagen de ser el partido obligado a salvar a la nación de las inconsistencias, ignorancias y confusiones de la oposición, en cualquiera de sus vertientes.
El PAN, en cambio, se ganó el aplauso de la mayoría de las personas que se enteraron del incidente. Es acertada la pregunta al PAN: ¿cómo puede criticar al Ejecutivo federal y sus políticas económicas, cuando el PAN ha dado su respaldo legislativo consistentemente a éstas? La gente, en general, no repara en la hipocresía, sino en los hechos. Por ello, Medina Plascencia se llevó la noche. Pero ahora se está esperando el regreso del PAN a sus formas y prácticas habituales. El rescate bancario, que es el problema más importante que enfrenta el país —más que Chiapas, las privatizaciones o la UNAM— se está atendiendo bajo el esquema elaborado conjuntamente por el PAN y el PRI, votado por ellos en la Cámara de Diputados y que pretendía poner a buen resguardo a un número importante de panistas y priistas que tienen su dinero en el IPAB (otrora Fobaproa), empezando por Vicente Fox.
Ésta es la materia que constituyen las contradicciones de las alianzas reales. Lo que hoy divide y enfrenta al PAN y al PRI mañana los va a unificar. Pero mientras son peras o son manzanas, el desequilibrio provocado por este enfrentamiento, de dos aliados naturales, está repercutiendo en las otras esferas de la vida nacional.
Sin poder apreciarlo aún en toda su dimensión, el aparente cambio de posición oficial respecto al EZLN y Chiapas habla de un afán por desactivar problemas conflictivos, no necesariamente solucionarlos. En este caso, el hecho de que el secretario de Gobernación desempolvara los Acuerdos de San Andrés para darles vida y vigencia es, sin duda alguna, una audacia y, también, un signo de debilidad del propio gobierno federal. Descompuesta, por el momento, la alianza tácita del PAN-PRI, el panorama legislativo de ahora a diciembre se puede complicar. La alianza opositora en la Cámara de Diputados puede redituar nuevos frutos para la misma oposición —especialmente para el PAN. Este partido está particularmente necesitado de demostrar su independencia del PRI, por razones electorales. Todas las encuestas señalan la duda existente en el imaginario social acerca de la honestidad de las intenciones panistas. Existe la clara idea de que el PAN ha actuado, y seguirá haciéndolo, como comparsa del PRI en los momentos cruciales de la historia reciente del país. Éste es el estigma que persigue a Diego Fernández, que tronó a Carlos Castillo Peraza y que trata de evadir como la plaga el propio Vicente Fox. Fox apoyó al IPAB porque él tiene su dinero allí para ser rescatado, pero ataca con violencia al PRI para que no pueda ser acusado de ser su compañero de ruta. La conducta del PAN en la Cámara de Diputados promete ser ríspida frente al PRI y conciliadora con el PRD, hasta que se tenga que votar la esencia del presupuesto federal, cuando volverá al redil de sus intereses históricos y votará con el PRI, rompiendo con el PRD y sus posiciones. El PAN es como el agua en la batea, y se mueve de un lado a otro con toda naturalidad y atención a los vaivenes del momento.
Esta situación ha colocado al gobierno federal en una posición política a la defensiva. En materia económica no parece dispuesto a moverse, pero en lo político hay espacios y temas que pueden ser negociados. La "movida" chiapaneca es el inicio inteligente de esta estrategia, pero seguramente otros asuntos querrán ablandarse para allanar el camino político y suavizar el regreso panista al redil —o al otro lado de la batea.
El panismo se ofendió con el llamado de Cárdenas a que se definiera. "No soy privatizador", revira Fox, aunque fue propuesta de él, en Estados Unidos, la privatización de Pemex. Hoy dice que ya no está de acuerdo con la privatización de Pemex —seguramente se convenció después de leer las encuestas. Pero para el agua que se mueve en la batea según los giros de la gravedad, las definiciones son mortales y fatales. Su naturaleza misma la lleva a no definirse, a no asumir nuevos compromisos que pudieran comprometer su movilidad y ambigüedad.
El presidente de la República quedó absolutamente rebasado por estas consideraciones. Nadie recuerda ni lo que dijo él ni, por cierto, lo que dijo Medina Plascencia. Lo relevante, lo rescatado, es lo que dijo el informal ruido del debate político, de los dimes y diretes, de las frases inmemoriales de Arturo Núñez, de la parquedad del PRD, de la furia sin contención del diputado Muñoz Ledo, del panismo exuberante y feliz, de un pueblo que no se siente reflejado en el espejo de semejante efervescencia. Del mundanal ruido de la polémica política, pasamos al más mundanal ruido de la política, sin que alguien se haya detenido a reflexionar acerca de los bajos fondos de las verdaderas posiciones que se expresan. Porque dentro de toda la disonancia del ruido, hay una gran consistencia de posiciones políticas y programáticas que vienen expresándose desde hace años.