RICARDO PASCOE 1999/11/03

Espejos de una ciudad. REFORMA .4 de noviembre 1999

Espejos de una ciudad

RICARDO PASCOE PIERCE
UNA CIUDAD ES UN ORGANISMO VIVIENTE. Día y noche ve pasar, y resiente, las necesidades y demandas de sus habitantes. No importa la hora: las exigencias se plantean y los servicios citadinos tienen que reaccionar. A primera vista esto pudiera parecer elemental; incluso de perogrullo. Sin embargo, una observación más honda y compleja de la ciudad nos revela, con toda nitidez, un hecho que no se puede soslayar. Ese hecho se refiere a que una ciudad pertenece a quienes la habitan, está hecha por ellos, y las demandas de servicios de los habitantes expresan los temores, las ansiedades y las añoranzas que afectan y determinan la vida individual y colectiva de todos. Por todo ello, una ciudad es un territorio físico y emocional contradictorio que camina hacia delante, pero que también se oculta en sus calles, parques y rincones de difícil acceso. Todo esto hace que sea sumamente difícil entender a una ciudad, comprender su lógica, sus reacciones y necesidades.
Esta idea contradictoria y compleja de lo que es una ciudad viene al caso por lo que vivimos en la Ciudad de México. Esta ciudad apenas empieza a experimentar la dimensión y fuerza de su mayoría de edad. Acaba de elegir a su gobernante por primera vez. La experiencia ha sido acompañada por lo bueno y lo malo. Se selló por la revolución de expectativas de la ciudadanía: una suerte de visión mágica y alegre del futuro, compartida colectivamente. Se esperaba todo. En ese contexto, el resultado ha sido difícilmente satisfactorio. Pero, al mismo tiempo, se le dio una vuelta a la tuerca y, con ello, se avanzó en hacer de la ciudad un espacio para todas y todos, una ciudad con mayor capacidad para identificar los verdaderos rostros de sus habitantes. Esto es indispensable: la sociedad tiene que verse (como en un espejo) reflejada con todo su ser en la ciudad y en la vida cotidiana.
Por ello, me han llamado la atención las propuestas de muchos -no de todos- de los candidatos a la jefatura de Gobierno del DF. Dan la impresión de no conocer lo que es una ciudad, y recurren a argumentos administrativos para explicar sus propuestas. También utilizan lo que fue la ciudad -los grupos corporativos- para alimentar la idea de grandes apoyos sociales a las candidaturas personales. Yo percibo que el estado de ánimo de la ciudad anda por otro lado. Anda, creo, por el lado de cierto nihilismo y de una controlada, o reprimida, expectación de que las cosas podrían mejorar bajo ciertas circunstancias. Es un oscilante estado de ánimo entre la esperanza y la desesperanza. Nada podría ser más ilustrativo de nuestra era.
Las propuestas deben moverse entre el mundo de lo concreto y el de las visiones a largo plazo, de la oferta política. También entre las propuestas que pueden modificar la calidad de vida diaria y las que ofrecen una idea de hacia dónde hay que caminar para consolidar los cambios democráticos. Un programa para la ciudad tiene que partir de lo que ha logrado este gobierno democrático. También de lo que se propone seguir avanzando. El problema del dinero es fundamental. El 80 por ciento del presupuesto del DF se dedica a salarios y prestaciones. De ello, las percepciones de los funcionarios son una parte reducida, considerando que el funcionariado conforma menos del 8 por ciento de la planta de empleados de la administración pública. El 20 por ciento restante del presupuesto se orienta a servicios sociales y a obras o servicios. En la delegación Benito Juárez (y esto es cierto en muchas otras delegaciones) el servicio público más demandado es la poda de árboles. Después de ello, está la demanda de más banquetas y de un manejo distinto del mobiliario urbano. El ahorro económico puede darse en la eficiencia del servicio y en la eficacia de su puesta en práctica. Además, las obras de desazolve son fundamentales para la ciudad, debido a que la ciudad está en permanente riesgo de inundaciones. Es decir, las obras urbanas son un servicio a la comunidad.
El mantenimiento de escuelas y unidades habitacionales ha sido otro logro de este gobierno y tendrá que continuar con el siguiente. En ambos ejemplos, los gobiernos anteriores no hacían mucho en su mantenimiento debido a que gastaban el dinero en otras cosas. En qué cosas, no se sabe. Pero había escuelas que no habían recibido mantenimiento en más de 30 años. En unidades habitacionales sucedió lo mismo. Éstos son programas de gobierno que deberán continuar, y su continuidad significa importantes definiciones presupuestales. También están los rescates ecológicos tanto de áreas verdes como de reservas para la recarga de mantos acuíferos, que son fundamentales para la viabilidad de la ciudad (el 70 por ciento del agua proviene de pozos del subsuelo).
La cultura es una parte esencial de la vida humana y, por ende, de la vida cotidiana. Y para tener una política cultural se requiere dedicarle recursos presupuestales y humanos importantes. Lo mismo estaciones de bomberos, con personal y equipo, además de una policía eficaz y bien adiestrada. ¿De dónde puede provenir el dinero para todo ello?
El PRI y el PAN optaron por tratar de estrangular a la ciudad económicamente. Su estrategia fracasó por una razón: porque la honestidad en el manejo de los recursos presupuestales le permitió a la ciudad salir adelante. Pero en el 2000 se va a repetir la misma estrategia y tendrá efectos aún más difíciles para el DF. La ciudad deberá responder con gallardía y fuerza ante tal eventualidad. La ciudad tendrá que emitir un rotundo "no" a otra agresión de tal envergadura. La ciudad se verá en la tesitura de mirarse al espejo y decidir qué quiere ser.

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