Las elecciones de 1985
Por RICARDO PASCOE PIERCE
EN la sesión del 10 de octubre, la Comisión Federal Electoral dio inicio al proceso electoral de 1985. Si bien el problema electoral ha estado presente durante algunos meses, el inicio formal dio lugar al aceleramiento de los preparativos para el mismo.
Entre los partidos de izquierda, impera un ambiente de desarticulación. En vez de buscar concretar una alianza electoral amplia, las diversas organizaciones empiezan a lucubrar en torno a sus posibilidades particulares, en su ganancia personal de partido. Así, por ejemplo, el PMT estrenó su participación electoral con un ataque (probablemente considerado sutil por sus autores) no sólo a la derecha y todos los presidentes recientes, exceptuando el actual, sino también a todos los partidos de izquierda. El PPS sigue considerando, como lo hace la ultraizquierda, que su peor enemigo se encuentra en las filas proletarias, no en la burguesía. Los únicos partidos capaces de acordar alianzas electorales, Partido Socialista Unificado de México y el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PSUM y PRT, respectivamente), lo han logrado de una manera parcial en el Estado de México. En efecto, si de combatir al PAN se trata, y para algunos es evidente que el reto electoral para la izquierda proviene del PAN, fenómeno político creado como consecuencia del desgobierno priísta durante tantas y tantas décadas, entonces la izquierda va a requerir de un instrumento electoral eficaz y creíble para resistir el avance de la derecha como estado de ánimo del movimiento de masas. En el Estado de México, la alianza PSUM-PRT hubiera tenido grandes posibilidades de arrastre social y electoral, de haberse planteado como una coalición total —o sea, en distritos uninominales y municipios.
Sin embargo, en virtud de que, por diversas razones conocidas, no se logró concretar la alianza total, hoy se están viviendo los primeros resultados de aquella decisión. No se puede hablar de una coalición electoral eficaz, justamente por las campañas distintas y paralelas que llevan a cabo los partidos. En los distritos uninominales, en donde hay alianza, los partidos prácticamente no realizan actividades conjuntas, mientas las campañas municipales se han convertido en los focos de interés partidario, en la medida en que cada partido hace su propia campaña. Estos son los problemas; sin embargo, lo que habría que destacar es el hecho de que tanto PSUM como PRT han tenido la visión correcta de que la unidad electoral es la única vía de acción para las organizaciones progresistas, democráticas y revolucionarias. Ridículas parecen, entonces, las pretensiones del PMT de establecerse como fenómeno ajeno a la izquierda del país. Después de agradecerle al Gobierno su registro, el PMT se propone para impulsar un panismo distinto, junto con los abstencionistas, y ratifica la concepción del registro como juguete político. Simultáneamente, ataca al socialismo, y los socialistas y comunistas, y se prepara para organizar al 80% de los empresarios del país. ¿Cuál es el sentido de presentarse como el PAN de la izquierda? Aparte de las pretensiones, resulta preocupante que un partido considerado popularmente como "de izquierda" se aboque a la tarea de crear un bloque social inspirado en el modelo del contrincante, inevitablemente, con el mismo modelo de dominación y ejercicio de poder en mente.
Desgraciadamente, el bloque votante de la izquierda, en el país, es relativamente estático. Esto no es producto de "malas" campañas, o de errores políticos. Por lo menos, no en lo fundamental. No: el problema es que la crisis política y económica del país, junto con la desmoralización que implica el control gubernamental, ha creado un desconcierto ideológico y político en el seno de las masas trabajadoras. En este marco, resulta comprensible que a pesar de su carácter contradictorio, ciertos sectores populares encuentren solución a sus frustraciones y al enojo, en el PAN, pues éste es, aparentemente, una "alternativa viable" de gobierno, frente a la corrupción priísta. El proceso difícil para el país va a ser, justamente, el desarrollo de una conciencia de clase propia de los trabajadores, y de creer en su viabilidad como alternativa de poder en el país.
La unidad de la izquierda, para las elecciones de 1985, debe lograrse. El no entender esta necesidad, el creer en las alternativas propias y exclusionistas de un sólo partido, es no tener el oído puesto en los movimientos subterráneos del movimiento de masas. Si se es de izquierda, pero no se escucha, el resultado va a ser favorable a la derecha. Los reveses pueden adquirir, en ocasiones, características de golpes a largo plazo. Sólo la unidad puede evitar esto. Los partidos tienen la palabra, pero son los trabajadores quienes tienen que avanzar.
EL UNIVERSAL3/XII/84