RICARDO PASCOE 1984/11/11

Unidad Electoral de Izquierdas. El Universal. 12 de noviembre 1984

Unidad electoral de izquierdas

Por RICARDO PASCOE PIERCE
LAS elecciones federales de 1985 van a expresar, inevitablemente, una polarización extrema de la sociedad mexicana. El primer aspecto de esa polarización se reflejará en el creciente deterioro del sistema tradicional de dominio priísta en los distintos grupos electorales: obreros, campesinos y "clase media". Esto se debe a que la crisis económica ha descubierto el verdadero rostro del sistema de dominio burgués en nuestro país. Hecho a un lado el populismo económico y político, se ha descubierto la enredadera de intereses económicos y políticos que sirven de cimiento para el sistema de dominación del PRI. El pueblo, ante semejante espectáculo, ya no se engaña. Por lo menos en relación al PRI.
Otro aspecto de la polarización es que, debido a que el PRI se ha encargado, históricamente, de no permitir el florecimiento de opositores fuertes, cuando éstos, por razones diversas sí aparecen en el escenario político-electoral, siempre lo han hecho al amparo de grupos burgueses disidentes, incluso con cierto apoyo proveniente desde el interior del aparato estatal. Tal es el caso del PAN, hoy. Haciendo campaña programática antipriísta, el PAN ha logrado cohesionar un bloque electoral —fundamentalmente ubicado en la clase media urbana, misma que vota como bloque, a diferencia de la mayor apatía electoral de obreros y campesinos— basándose en la crítica antiPRI y antigobierno, rechazando conquistas de la Revolución Mexicana, desvirtuadas totalmente después de tantos años de dominio priísta. La separación entre Iglesia y Estado, la Reforma Agraria, la conquista de los derechos políticos y sociales de obreros y campesinos de carácter antiimperialista del movimiento social emanado de la lucha armada, son algunas de las conquistas fundamentales que el PAN ataca, y que el PRI desvirtúa.
O sea, la polarización electoral se dará, también, en términos más nítidamente de clase en las próximas elecciones federales. El PAN, siendo consecuente con los valores que empuña, representa, objetivamente, una subordinación tajante al imperialismo, y un proyecto económico y social de pauperización de las masas. En esto, por supuesto, mantiene el rostro oculto, y permite que el PRI sea el gran pauperizador.
Sin embargo, es innegable el arrastre logrado por el PAN, debido a su antipriísmo, independientemente del carácter de su programa. Hemos dicho que, tomando el caso argentino, sectores del viejo proletariado peronista prefirieron votar por Alfonsín, pues reconocían en él un proyecto democrático más nítido que en la cúpula de dirección del peronismo. Ojo: no votaron por el proyecto económico y social de Alfonsín, sino por la aspiración de lograr, y consolidar, instancias de expresión democráticas dentro de la sociedad argentina, y aplastadas durante tantos años de dictadura militar. Muchos sectores sociales votaron por el PAN en 1983, en las elecciones estatales que, sin embargo en otro momento habrían estado con la izquierda en las marchas y mítines demandando tierras y mejores salarios. Lo único que esto expresa es que existen niveles diferentes de conciencia en las clases, y sectores de la población, que no permite ver linealmente el comportamiento político y electoral del pueblo (o, como lo demuestra el caso argentino, de ningún pueblo). Sin embargo, de esto no se deduce un comportamiento errático e ilógico. Todo lo contrario se deduce el proceder de un pueblo que busca defenderse de la mejor manera posible, y que, debido a su miseria, intenta golpear a su opresor más inmediato. Utiliza, como es de esperarse, todos los pocos recursos a su alcance para ello. En esto estriba la posible fuerza electoral del PAN en 1985: en su representación, doblemente, como fuerza absolutamente antipriísta y, además, una alternativa viable. Como la única fuerza viable, particularmente ante una izquierda fragmentada, arrastrando la pérfida tradición política del PPS y, recientemente, el PST (pérfida, pues representan a la izquierda como entregada al Gobierno, con dirigentes que incluso han lucrado de dicha relación). El voto útil, de darse en 1985, irá al PAN.
La ley electoral vigente no reconoce la posibilidad de alianzas electorales entre fuerzas con registro legal. Es una característica antidemocrática de la ley. Sin embargo, esto no debe ser impedimento para que la izquierda auténtica presente al pueblo trabajador, de las ciudades y del campo, una alternativa política unitaria en las elecciones de 1985. En la izquierda debe reconocer que el problema político hoy no es, en sentido estricto, el de los registros, sino el de crear un movimiento amplio y nacional —un polo de clase— capaz de aglutinar a todas las organizaciones de izquierda, y ofrecer una alternativa viable y creíble para los trabajadores. La izquierda tiene la necesidad de hacer que un sector amplio y popular del voto útil sea atraído hacia ella, no con envalentonadas, sino presentando un proyecto global izquierdista, a la población. Así, debido a la ley electoral, cada partido tendrá que defenderse con sus votos, pero enmarcados en un paraguas global. La Unidad Popular de Chile, y recientemente la Izquierda Unida en Perú demostraron que, a pesar de que cada partido cuenta con su votación, lo más significativo para el pueblo fue el hecho de la unidad de la izquierda. Ante dicha unidad, los trabajadores reaccionaron con un voto favorable, pues entendieron que existía, en dicho pacto, una alternativa de gobierno, y de poder, germinándose.
La unidad electoral de la izquierda en 1985, es la vía para enfrentar el avance de los diversos proyectos de derecha en nuestro país, puede ser, de concretarse, el hecho político más significativo de la contienda. Indudablemente representará un avance en la lucha de los trabajadores por su independencia de clase y por organizaciones democráticas y representativas.

La izquierda en la disyuntiva. El Universal. 11 de mayo 1982

El momento oportuno para resolver. El Universal. 10 de septiembre 1984

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