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Solidarismo Priista. El Universal. 6 de agosto 1990

Solidarismo priísta
Por RICARDO PASCOE PIERCE
CON la Semana Nacional de Solidaridad, el régimen insiste en utilizar el ropaje de la retórica ciega como forma de hacer política. Se pretende, a todas luces, hacer creer a los mexicanos que la Semana Nacional de Solidaridad pertenece a todos, sin distinción de ninguna especie. Sin embargo, es evidente que el Programa Nacional de Solidaridad (Pronasol) es un proyecto político del salinismo, cuyo alcance estriba en la intención de construir un partido político distinto al PRI. Para ello, el salinismo, como corriente política dentro del PRI, utiliza todos los instrumentos gubernamentales y extragubernamentales, coercitivos y no coercitivos, a su disposición para impulsar su proyecto político que en tanto que es una corriente con una definición histórica precisa, se sitúa dentro de la lucha de facciones en el PRI. La "solidaridad" que se impulsa, es por lo pronto, una moda sexenal. En ello no difiere de las campañas que han realizado otros mandatarios, con sello distintivo y personal para dejar alguna huella de su paso por el poder. Como es de todos sabido, estos "sellos distintivos" se quedan atrás y lo que resta es la tendencia general de la obra realizada, y no las campañas específicas. Es más, la vox populi considera que las campañas específicas son actos demagógicos (es decir, carentes de racionalidad y de perspectiva de largo plazo y cuyo propósito es el de comprar algunas conciencias, en lo posible populares) para llevar a cabo las ambiciones personales y de reconocimiento histórico de cada gobernante. En esto estriba el carácter ridículo del esfuerzo.
Desde el punto de vista no ridículo, habría que advertir varios aspectos de la campaña salinista en torno a la solidaridad. En primer lugar, pretende etiquetar un viraje programático e ideológico en el seno del PRI. Es decir, representa un cambio de ideas en relación con el Estado benefactor o con el "Estado de las causas justas" para conducir el carro de la historia hacia la aparición del Estado caritativo. La solidaridad, tal y como se concibe por el salinismo, es un acto caritativo de los gobernantes hacia los gobernados. Según la nueva concepción, estos actos de solidaridad no son obligación de los gobernantes, sino un acto de su buena disposición para ayudar a los subordinados. Refleja, de hecho, que los gobernantes gozan de una suerte de percepción de la miseria en que vive el pueblo, y que consideran factible la posibilidad de repartir algunas migajas del gran proyecto nacional de desarrollo que traen en la cabeza, pero que no han podido explicar ni explicitar en virtud de su falta de evidencias concretas.
Por otro lado, la solidaridad que promueve el Gobierno intenta identificar a la nación con el solidarismo priísta. En esto, la conferencia Episcopal tiene razón cuando le reclama al Gobierno el uso arbitrario y masivo de la "solidaridad", debido al evidente esfuerzo de vincularlo con el priísmo. O con el partido oficial que pudiera emerger de la próxima asamblea nacional del PRI. Lo cierto es que existe una campaña publicitaria, pagada con dineros públicos, dedicada a crear la identidad entre solidaridad, los colores patrios y el oficialismo, expresada a la corriente histórica del salinismo.
Esta modificación de la concepción del Estado y de su relación con la sociedad entera es una transformación ideológica básica en el ideario programático del PRI. El cambio, o la transición de una concepción de partido surgido de las luchas y reclamos del pueblo, a la de un partido en el poder que dirige los destinos de una ciudadanía abstracta y lejana, son principios y elementos que orientan la nueva concepción ideológica que emerge en el pensamiento político priísta. De la concepción tradicional del Estado revolucionario, se transitó por la revolución institucional y hoy se arriba a la conclusión de que las instituciones buscan beneficiar a la población debido a la buena fe por parte de los gobernantes y no porque pudiera existir una taxativa constitucional de ella. Evidentemente la supuesta buena fe de los gobernantes actuales también supone que los siguientes no necesariamente tienen que expresar esa misma buena fe hacia la población. Depende, al parecer, de personas y no de programas.
Por todas estas razones, la asamblea nacional próxima del PRI tendrá, como eje central en su transformación programática, la idea de la solidaridad. Puede que se cambie el nombre del partido para reflejar esta palabra, incluso para contenerla, pero lo cierto es que el cambio no es simple maquillaje. Hay en curso una transformación ideológica profunda en el Estado mexicano, en el régimen político y el priísmo. Además del Estado caritativo, está el proyecto neoliberal de un Estado cuyas políticas deben beneficiar económicamente a los sectores poderosos del empresariado nacional y extranjero, con vistas a ganar su simpatía y, ahora sí, solidaridad. Así, convienen un proyecto económico excluyente y un régimen político que pretende ganar adeptos, votos y conciencias con el reparto de obras caritativas. Esto convierte al proceso político en una dinámica de transformación ideológica. Lo que está por vencer es si los priistas de otras corrientes históricas, que no sean salinistas, toman esta transformación como representativa de su pensamiento o si se asume como un proyecto representativo de nuevas condiciones históricas pero ajeno a las tradiciones y aspiraciones del pueblo de México.
 

chevron_left La paradoja petrolera. El Universal. 13 de agosto 1990

El PRD ante el Código Federal Electoral. El Universal. 23 de julio 1990 chevron_right

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