La geopolítica de Juchitán
Por RICARDO PASCOE PIERCE
MUCHO se ha dicho, explicado y confundido en relación a los sucesos últimos en el municipio de Juchitán, Oax. Tanta es la confusión, que los editorialistas empiezan sus artículos tratando de adivinar quién disparó primero. Los más audaces consideran que, por medio del estudio de reportajes periodísticos, ellos sí son capaces de definir y acusar al agresor.
Otros, más cautelosos, se empeñan en relatar historietas terroríficas acerca de un ayuntamiento que no controla, que no ordena, que no explica.
En resumen, hemos sido, como pueblo, víctima de una verdadera campaña de desinformación, de reportajes tendenciosos todo tendiente a justificar la desaparición de poderes del ayuntamiento democráticamente elegido, y la imposición de un concejo municipal gobiernísta. Todo esto, claramente contraviniendo la disposición y acción populares en el lugar.
Ante esta situación, se hace imperativo esclarecer los problemas de fondo involucrados, además de asumir una posición clara frente al acontecimiento.
¿Por qué, nos debemos de preguntar, un municipio tan pobre y aislado geográficamente resulta más importante, más trascendente políticamente, que, por ejemplo, Ciudad Juárez, Chihuahua, que acaba de ser ganado por el PAN? Ciudad Juárez es, económicamente, un municipio clave en el país, particularmente en lo referente a la actividad comercial. Es, además, un municipio ubicado estratégicamente, por estar directamente sobre la frontera norte. Sin embargo, a pesar de estas y otras consideraciones que definirían a Ciudad Juárez como un municipio más importante que el de Juchitán, lo cierto es que la ira del Gobierno se ha trasladado al municipio oaxaqueño. Todas las balaceras ocurridas durante la campaña electoral en Chihuahua, con sus consecuentes muertos, no provocó ni mínimamente la reacción autoritaria que ha provocado la situación en Oaxaca. Esto lleva, necesariamente, a una reflexión acerca de la importancia de Juchitán, y la geopolítica involucrada.
En primer lugar está el problema de la ubicación geográfica. Desde el siglo pasado, Estados Unidos tenía el ojo puesto en el istmo de Tehuantepec, como zona ideal para vincular el Pacífico con el Atlántico, a través del golfo de México. Las muchas razones que llevaron, finalmente, a la construcción del canal de Panamá, no eliminaron el interés norteamericano por el istmo mexicano. Hace pocos años, una empresa norteamericana realizó una investigación acerca de la factibilidad de crear una vía férrea entre dos puertos mexicanos, uno del lado del golfo y otro del lado del Pacífico. La conclusión de la investigación señalaba que era factible crear la vía férrea y que, además, pudiera representar una situación estratégica para quien (o quienes) tuviesen control sobre dicha zona. Aparte de las cuestiones técnicas involucradas, lo cierto es que el proyecto ha avanzado, a tal grado de que durante su campaña electoral, el Presidente inauguró el puerto de Salina Cruz, considerado, junto con el de Coatzacoalcos, con capacidad de recibir a los barcos mercantes y militares de más tonelaje existentes en la actualidad. En ese sentido, el canal de Panamá perdió su utilidad hace muchos años. Además, el tren que recorrería la distancia entre los dos puertos será de alta velocidad y eléctrico. Servirá para mover los contenedores que hoy usan los barcos de carga.
En el contexto de una inminente guerra en Centroamérica el istmo de Tehuantepec recobra su carácter vital y estratégica, desde el punto de vista militar. La probabilidad de que Estados Unidos necesite establecer líneas de abastecimiento de pertrechos militares no es lejana: el istmo puede jugar un papel central para satisfacer esas necesidades. Por otro lado, la posibilidad de acciones armadas en el sur de la República, provenientes de Guatemala, principalmente, hace que el istmo pueda servir de cuello de botella a cualquier agresión armada. Así también, el istmo es crucial en una concepción de defensa y seguridad nacionales, tanto para los mexicanos como para los norteamericanos. Hay mucho en juego en el istmo de Tehuantepec.
Al ser vital la zona, desde el punto de vista militar, el Gobierno no está dispuesto a permitirle al pueblo su libre organización y expresión. Se impone, en efecto, un criterio autoritario y utilitario del suelo nacional.
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Claro está, siempre en función de determinados intereses de clase, del grupo dominante. Así, una lucha sorda por la hegemonía del istmo se da, entre otras fuerzas, entre gobiernos, y sus pretensiones de seguridad nacional.
Lo lamentable es que el Gobierno mexicano vea, como enemigo a vencer, a la población, y al Gobierno norteamericano para "asegurar" su control político militar de la zona, el Gobierno recurre a actos de fuerza contra su propio pueblo. No moviliza al pueblo en contra del imperialismo.