RICARDO PASCOE 1983/10/02

¡Todos a la marcha hoy! El Universal. 3 de octubre 1983

¡Todos a la marcha hoy!
Por RICARDO PASCOE PIERCE
HOY a las 4 de la tarde saldrán dos contingentes hacia el Zócalo: el primero, de la Escuela Normal Superior, compuesto por el magisterio y sindicatos, y el segundo de la Plaza de las Tres Culturas-Tlatelolco, compuesto por partidos políticos, organizaciones campesinas, estudiantiles, de mujeres y el movimiento urbano popular.
El objetivo de la marcha es el de preparar las condiciones para el Paro Cívico Nacional, a efectuarse el 18 de octubre como una jornada unitaria de protesta en contra de la política antipopular del Gobierno. Además, la marcha pretende ser una demostración de las fuerzas populares que, en nivel nacional, se han incorporado a la preparación del paro.
El Paro Cívico Nacional es un paso en el largo camino para construir un movimiento de masas independiente que tenga, como eje de acción, la unidad de todas las fuerzas en la reivindicación de las necesidades de los trabajadores. Por esto, el Paro Cívico Nacional no es un fin en sí mismo, es un elemento (aunque un elemento de gran importancia) más en la construcción de una alternativa de sociedad, alternativa que parte de los intereses de los trabajadores, no como el proyecto gubernamental actual, mismo que parte de los intereses del capital.
Este marco de significación debe tenerse en cuenta al considerar la participación en la marcha de hoy, y el Paro Cívico Nacional el 18. Los mexicanos que estemos por una salida proletaria a la crisis —una salida de los trabajadores—, haremos acto de presencia.
Es cierto que el mensaje aún no ha llegado a amplios sectores de la población. Existe aún temor a la reacción gubernamental. A un Gobierno capaz, en sus primeros meses de implantar golpes en contra de movimientos populares como sindicatos universitarios, el sindicato nucleoeléctrico (aprovechando divisiones internas, sectarismo y la coincidencia entre ultraizquierda y reacción), el sindicato del Metro y el ayuntamiento popular de Juchitán. A un gobierno que avala la corrupción sindical multimillonaria, pues representa "estabilidad política" para el régimen. A un gobierno que desoye los verdaderos resultados electorales emitidos por un pueblo que lo repudia, e impone sus candidatos y su control sobre el sistema político-electoral. A un gobierno que instaura una política económica que, en esencia, convierte al país en peón de la banca internacional y esquirol de las aspiraciones libertarias de otros países latinoamericanos.
Debido a todo esto, es difícil la tarea de convencimiento de los millones de trabajadores mexicanos de que la única alternativa viable y efectiva es la organización independiente. Sin embargo, el horizonte es amplio. Los trabajadores organizados en los sindicatos, federaciones y confederaciones oficiales no son los mismos. Hoy, los trabajadores de organizaciones oficiales se reúnen, muchas veces por fuera de las instancias legales de las mismas, para discutir y analizar las vías de acción que representan una alternativa para ellos, como trabajadores, y no para el dirigente corrupto y el patrón. En los grandes sindicatos de industria, en la industria básica del país, las asambleas sindicales encuentran nuevos aires —los de la discusión y debate de problemas políticos, económicos y sociales—. Ya no se da con tanta facilidad la imposición de la línea oficial de colaboración y conciliación, sin logros objetivos para los trabajadores. Incluso, la propuesta de la CTM de establecer un pacto obrero-patronal, reminiscente al pacto de solidaridad entre obreros y patrones de los años cuarenta, no ha encontrado terreno fértil. No solamente los patrones están en contra, —los trabajadores también se oponen, pues no representa una solución válida para ellos en ningún aspecto—. Los patrones están en contra, pues prefieren trabajar sobre un nuevo modelo político en el país: un modelo de enfrentamiento de clases, de imposición burguesa a la clase trabajadora, sin esa tradicional conciliación de intereses por parte del Estado. La burguesía se siente fuerte y prepara un ataque en contra de los trabajadores. Los trabajadores observan que los pactos de solidaridad les han resuelto problemas a los dueños de las fábricas, pero nunca a los trabajadores mismos.
En este contexto, los sectores y clases sociales en México están en una lucha sorda por posiciones. Los trabajadores tienen ante sí una tarea gigantesca: la de superar, en primer lugar, la subordinación que han sufrido toda la vida en organizaciones domadas; en segundo lugar, la de crear una alternativa para toda la sociedad mexicana.
La marcha de hoy es un paso, pequeño pero firme, en esa dirección. ¡Todos a la marcha!

No se olvida el problema de los desaparecidos. El Universal. 31 de octubre 1983

Huelga en FASA. El Universal. 26 de septiembre 1983

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