RICARDO PASCOE 1983/07/24

Los momentos decisivos.  El Universal. 25 de julio 1983

Los momentos decisivos
Por RICARDO PASCOE PIERCE 
América Central se ha vietnamizado. No es necesario, ya, debatir el punto. El fenómeno de la intervención militar norteamericana entra en escena en la lógica de encontrar los mismos problemas que los que existían en Vietnam, y dar las mismas soluciones. Como en todos los países coloniales o semicoloniales, y a diferencia de los países capitalistas avanzados, la burguesía rural no se diferencia sustancialmente de la burguesía industrial o comercial, pues muchas veces son incluso las mismas personas. En este sentido, las diferencias dentro de la clase capitalista se deben a las formas ideológicas y políticas que asumen sus distintas ubicaciones dentro del aparato productivo nacional e internacional. Así, la resistencia a la reforma agraria en Guatemala, El Salvador, Honduras y Costa Rica se debe, en lo fundamental, al hecho de que sería una medida atentatoria al conjunto de sus clases dominantes. En este sentido, las revoluciones en México, Bolivia, Cuba y Nicaragua trastocaron las relaciones de clase (sin necesariamente derrocar a la clase capitalista nacional), y dieron entrada a cambios en la tenencia de la tierra, precisamente porque las masas campesinas juegan el papel central en la destrucción del orden anterior, abriendo paso a un nuevo Estado en una nueva historia.
No puede ser sorpresivo el hecho de que tanto en El Salvador como en Guatemala, los sectores sociales más radicalizados con el sistema de dominación actual sean justamente los campesinos e indígenas: siguen sujetos a las más variadas y antiguas formas de explotación. En Vietnam, la reforma agraria fue frenada por la existencia de una clase burguesa rural ligada directamente a los pocos industriales y muchos comerciantes que, haciendo política urbana, controlaban las riendas del Gobierno.
En ambos casos, Vietnam y Centroamérica, los militares y políticos norteamericanos, han encontrado a su peor enemigo en el campesinado. En ambos casos, el campesinado ha identificado rápidamente al imperialismo norteamericano como el enemigo a vencer, pues se presenta como el sostén único de las clases opresoras nacionales. En ambos casos, el campesinado ha sido la columna vertebral de la lucha, primero reivindicativa y luego libertadora, de sus pueblos contra la desigualdad, la miseria y la represión. Y, en ambos casos, los norteamericanos han querido convencer a sus aliados de lo benéfico que sería una reforma agraria, no ver por otra razón sino para frenar el avance de la revolución permanente: que es simplemente la conclusión lógica a que han arribado los trabajadores de los países pobres de que una lucha por demandas inmediatas desemboca en demandas de una nueva sociedad, sin explotadores.
La combinación táctica de operaciones militares con programas cívicos, destinados a ganar los corazones de los campesinos considerado el eje de la intervención norteamericana en Vietnam, son aplicados hoy en El Salvador. El Gobierno norteamericano insiste en un programa de reforma agraria para El Salvador, y el Gobierno salvadoreño lo ignora totalmente. Pero detrás de esta situación, está el fondo del problema: independientemente de proyectos y programas, el Gobierno norteamericano está dispuesto y empeñado en derrotar militarmente a quien haya que derrotar para lograr la mantención de su hegemonía política en la zona. El Gobierno norteamericano discute ya el envío de las tropas a la zona, además de la ampliación de sus "funciones", lo que significará indudablemente el ingreso de tropas norteamericanas a la guerra directamente.
Ideológica y políticamente, los pueblos de la zona centroamericana están en espera de la guerra. El pueblo hondureño, engañado terriblemente por su Gobierno, espera una invasión nicaragüense y concluye que mejor sería que ellos invadieran a Nicaragua. Hay ambiente de guerra. No se debaten las alternativas políticas, sino de guerra. Los contrarrevolucionarios nicaragüenses, listos para entrar masivamente a territorio de Nicaragua, posiblemente esta semana, tienen, como eje de su programa, la propiedad privada y el rescate de la iniciativa privada, derecho natural de los hombres.
El grupo Contadora intenta, desesperadamente, buscar una solución negociada. Desgraciadamente, el talón de Aquiles del grupo Contadora es la dependencia económica...
(CONTINÚA EN LA PÁGINA 8)
 

 
Recuadro de Continuación
Los momentos decisivos(CONTINÚA DE LA PÁGINA 5)
...de sus integrantes a Estados Unidos. Las deudas externas, y los convenios con el Fondo Monetario Internacional, han debilitado fatalmente la fuerza política del grupo. Y, sin embargo, es, en este momento, la iniciativa más importante de paz para la zona. Apoyar a Contadora es apoyar una solución de paz para los pueblos de Centroamérica. Es apoyar, también, la necesidad de construir nuevas sociedades, eliminando la opresión y miseria.

Corrupción y Sistema Política.   El Universal. 1 de agosto. 1982

Las fuerzas se miden. El Universal. 27 de junio 1983

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