La herencia de Tlatelolco
Por RICARDO PASCOE PIERCE
La campaña concluye; la lucha continúa. Así podemos resumir la situación que hoy enfrenta el Partido Revolucionario de los Trabajadores. La campaña electoral de 1982 ha abierto, indudablemente, una nueva correlación de fuerzas en el nivel nacional. La izquierda ha demostrado una extraordinaria capacidad de convocatoria y organización, de avance y consolidación de sus organizaciones. La derecha reacciona con desesperación; el PAN anuncia que lucha no tanto por el poder, sino en contra de la izquierda, mientras podemos afirmar, sin temor a equívoco, que el PDM siempre ha tenido esto (lucha contra la izquierda; no el poder) como meta. Mientras tanto, el PPS, partido que no es de izquierda, sino un pequeño grupo de agentes de la burguesía mexicana entre contingentes del movimiento de masas, demuestra lo corrupto de su demagogia: no tiene capacidad de convocatoria popular. Incluso ni burgués, pues De la Madrid no acudió a su acto, y estuvo representado por el secretario general del PRI.
Frente a esta situación, y sin anticipar resultados electorales, lo cierto es que los cierres de campaña del PRT y PSUM confirman el inmenso avance de la izquierda en el movimiento de masas, obreros, campesinos y popular. Son los dos actos de mayor relevancia en materia de cierres de campaña, excepción hecha del acto priista, sobre el cual nunca se sabrá la verdad de cuántas personas fueron obligadas a marchar, so pena de descuentos salariales y otras presiones. O sea, en actos sin acarreados, la izquierda se presenta como lo que es: la verdadera opción política para el pueblo de México.
La campaña del PRT se ha basado en una concepción de lo que requiere el pueblo: instrumentos de lucha. Durante tantos años de control y represión del movimiento de masas, el Estado mexicano no ha cedido en sus métodos para imponer su voluntad clasista al pueblo mexicano; la respuesta masacradora al movimiento de 1968, justamente en la Plaza de las Tres Culturas, se debió, entre otras cosas, a la desesperación de la burguesía mexicana por mantener las cosas como estaban. 1968 sacudió profundamente ese sueño de la burguesía, y empezó un largo despertar del pueblo mexicano. La represión atemorizó y asustó; logró confundir y dio la impresión de que las cosas volvieron a su "normalidad". Nada más equivocado. Se abrió la puerta, con sangre y fuego. El pueblo decidió seguir luchando, pero buscando instrumentos más sólidos. Empezaron a florecer las organizaciones políticas, al mismo tiempo que recrudeció la guerrilla urbana y rural. Eran años de búsqueda, de seguir empujando la puerta para que se abriera más y más. Eran años de discusiones de "vías", de ideologías y de concepciones, y también de experiencias concretas de lucha en los sindicatos, en las colonias, en el campo, en las escuelas, entre mujeres y homosexuales. Los oprimidos y marginados se despertaban decisivamente. Al mismo tiempo que se debatían las vías, se acumulaba una experiencia concreta: la de participar, junto con el pueblo, en sus luchas cotidianas, pues estas luchas expresaban tan nítidamente su explotación, la miseria y, también, la decisión del pueblo de seguir adelante.
Años y años pasaron después de la masacre de 1968 en Tlatelolco, y se aprovechó el tiempo para hacer el trabajo anónimo que hoy se cosecha: se estuvo en las huelgas, se organizó, se hicieron las guardias, se apoyó con botes y con decisión; en fin, se ganó la confianza de amplios sectores del pueblo de que no se trataba de nuevos traidores ni de agentes secretos del Gobierno. Se convenció de que se trataba de trabajadores, como ellos, buscando forjar una nueva patria, pero que estaría en manos del pueblo, no de los explotadores y asesinos del pueblo.
El problema político central de esta campaña electoral no ha sido la presentación de planes de gobierno, confusión que desgraciadamente han propalado algunos partidos de oposición, sino la demostración, ante un pueblo legítimamente desconfiado, de que hay partidos dispuestos a luchar consecuentemente con el pueblo por defender sus intereses inmediatos e históricos. Los planes de gobierno no tienen nada que ver con la confianza del pueblo; si acaso, puede dar cierta seguridad "de chupón" a algunos sectores de la pequeña burguesía. El problema, repetimos, es ganar al pueblo trabajador a una postura consecuente...
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Recuadro: La herencia
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... de lucha y defensa de sus intereses.
La campaña del PRT ha sido esto: recoger la estafeta caída del "68", avanzar en la organización de los trabajadores de todo el país y estar, en todo momento, en las huelgas, en las cárceles, en las manifestaciones. El acto masivo del PRT en la Plaza de las Tres Culturas fue un homenaje a los caídos de "68", una declaración de decisión de lucha revolucionaria, un llamado al pueblo a sumarse a la lucha que encabeza el PRT, y un reconocimiento: la lucha continúa, en las urnas, en las fábricas, en los ejidos, en las calles. Tlatelolco "68" destapó el grito; hoy lo retoma el Partido Revolucionario de los Trabajadores: ¡los trabajadores, unidos, al poder!