La situación política
Por RICARDO PASCOE PIERCEE
En la antesala de las elecciones federales, es necesario hacer un balance de la situación política del país. No es un ejercicio intelectual; tiene una justificación política. Los signos de crisis abundan, la preocupación es evidente en los distintos sectores políticos del país.
No es una crisis que genera una respuesta "coherente" de las clases sociales del país; más bien, existen respuestas diferentes, inconexas, a veces absurdas (como la propuesta de Fidel Velázquez de que los obreros aportarán 1% de su salario para pagar la deuda). Pero lo cierto, constatable en los medios de comunicación, es que la incertidumbre empieza a envolver el proceso electoral; entendido como proceso de disputa del poder.
Como en nuestro país las encuestas no son públicas, sus resultados generan rumores y comentarios secretos. Es evidente que las encuestas del PRI-IEPES dicen muchas cosas que redundan en las realidades políticas del país. Probablemente la verdad más aterradora para el sistema político mexicano es su increíble descalificación ante el pueblo, el desprestigio del Presidente (quien, por cierto, lo ha admitido en foros abiertos) y el reconocimiento del efecto de su política económica: hacer más ricos a los ricos, y más pobres a los pobres. El desempleo, la inflación, la reducción del poder adquisitivo de los trabajadores, la proletarización del trabajador agrícola, la migración campo-ciudad son elementos que hacen la sociedad cada vez más compleja y más conflictiva para aquellos que la quieren controlar.
Una segunda verdad (que, por cierto, no tenía que ser verificada en su encuesta) es que el sistema político mexicano se mantiene con base en su fuerza de control y represión, particularmente producto del desacierto de millones de mexicanos, su enajenación y frustración. Esta situación se ve claramente en la propaganda electoral: mientras el secretario general del STIRT anunció orgulloso que los trabajadores de radio y televisión han transmitido, en sus medios, más de 15,000 horas de propaganda para De la Madrid, los partidos de oposición tienen que pelear cada 15 minutos que se proyecte, fielmente, su mensaje.
En realidad, el PRI sostiene que el sistema peligra cuando su grado de victoria electoral no es del tamaño de un mandato histórico para gobernar. En tanto que el consenso del PRI es cada vez más estrecho entre el pueblo mexicano, resulta lógico que el obtener ese mandato histórico es cada vez más difícil, por no decir imposible. Esto plantea una gran disyuntiva entre su consenso entre el pueblo, y su control sobre el aparato estatal y electoral. Aquí el factor decisivo es la fuerza: la balanza puede inclinarse de un lado a otro en función de la fuerza ejercida.
Los sistemas de control del PRI se resquebrajan: la CNC, CNOP y Congreso del Trabajo son cada vez más mayorías estrictamente formales. La incapacidad de resolver conflictos gremiales e intergremiales demuestra esto, además del hecho de que el soporte real del sistema, en términos de masas es cada vez más restringido a sectores medio-burocracia pública y CNOP. Electoralmente esta es la columna vertebral del PRI, hecho que supongo asusta a sus directivos. Incluso, es la clase media el sector que más se queja de la crisis, que más siente que se le acaba el mundo.
Ante esta crisis de legitimidad del sistema político mexicano, sectores burgueses empiezan a pensar seriamente en la necesidad de otras soluciones, que no sean estrictamente electorales. Hay preocupación e inquietud en el ejercicio por la situación del país, y por la capacidad del PRI de resolver los problemas ingentes en un marco de orden y democracia. Las presiones aumentan entre los sectores dirigentes del país por definir con más claridad cuál será el resultado electoral: estabilidad o fortalecimiento de la oposición. Esto hace, evidentemente, que exista ya la intención de conocer el resultado electoral antes de que se emita; o sea, de ejercer un control lo suficientemente grande sobre el proceso como para dirigir los resultados convenientes, particularmente en la dirección a un mandato histórico. Lo más probable es que esto simplemente va a crear otra profunda crisis entre el PRI y los partidos de oposición por un lado, y, por el otro, ensanchar el abismo entre el pueblo y el Gobierno.