RICARDO PASCOE 1983/10/30

No se olvida el problema de los desaparecidos. El Universal. 31 de octubre 1983

NO SE OLVIDA EL PROBLEMA DE LOS DESAPARECIDOS"EL UNIVERSAL"31/OCT./1983
  • Aspiran los argentinos a la libertad de expresión, organización y manifestación.
Por RICARDO PASCOE PIERCEEnviado Especial(Sexta de ocho partes)
BUENOS AIRES, Argentina, 31 de octubre.— El otro aspecto relacionado con el resultado electoral tan sorprendente es la relación entre el voto útil y la lucha por las libertades democráticas.
Se puede decir, sin temor a equivocarse, que los argentinos como nación aspiran a la libertad de expresión, organización y manifestación. Los años de profundo terror y miedo han impreso una huella profunda en la conciencia del pueblo.
Es cierto, sectores de la burguesía llamaron y estimularon el golpe de Estado de 1976. Sin embargo, debido justamente a la no viabilidad de recursos de las armas para resolver los problemas económicos y políticos de un país inmerso en una profunda crisis, es que la misma burguesía ha enfrentado a ese callejón sin salida.
El problema de los desaparecidos está constantemente presente, incluso en la mente de los partidos que tratan de evadir el problema. En primer lugar, es vasto el número de familias argentinas involucradas, justamente por el número tan grande de desaparecidos. Es una "herida muy grande que tiene el pueblo argentino. Este es un hecho que no se puede ignorar. Aquel que quiera ignorar el problema de los desaparecidos está queriendo evadirse de la realidad", afirmó recientemente el dirigente sindical de los metalúrgicos de Villa Constitución, Alberto Piccinini.
Piccinini dirigió un movimiento reivindicativo de gran importancia y tuvo la necesidad de enfrentar la primera represión importante en contra del movimiento sindical en 1975.
Los argentinos saben que es cierto lo que dice Piccinini, a pesar de reconocer que es un problema difícil, pues prácticamente significa enfrentar al conjunto de la estructura represiva del país, estando ahí los responsables. En estos días, por ejemplo, han sucedido casos que ameritan nuestra atención.
Han acudido a las oficinas de las Madres de la Plaza de Mayo individuos que se identifican como torturadores, que no pueden vivir más con sus culpas, y que están dispuestos a denunciar a más compañeros suyos de torturas. Sin embargo, se van y nunca más vuelven.
La opinión de las madres es que realmente no son confesiones de conciencia, sino que son agentes tratando de conocer la posición de las madres, ante la perspectiva de la apertura democrática; a lo que le teme el aparato represivo es el destape de sus verdaderas actividades, sus prácticas y sus integrantes. Y teme que, justamente con el levantamiento de los controles policiacos, va a ser extremadamente difícil evadir dar respuestas sobre sus actividades y sobre el paradero de 30,000 compatriotas.
Esta profunda llaga en la sociedad influyó poderosamente en el resultado electoral. Influyó en el sentido de que el pueblo sintió la necesidad de asegurar el proceso de apertura democrática. Como sigue habiendo gran temor —temor a que todo sea un sueño, o que sea algo pasajero—, por eso sigue la cautela y la preocupación (nadie sabe dónde se encuentra, físicamente, el aparato represor). En esto, hay que decirlo, las demandas por libertades democráticas son de una fuerza tremenda.
La polarización de la votación, por otro lado, y visto justamente desde el punto de vista democrático, tuvo un efecto negativo, que fue el de concentrar poder en muy pocas fuerzas políticas. En primer lugar, entre el radicalismo y el peronismo se concentró 29% del total de votos emitidos. Agregando los votos de los dos partidos siguientes (Intransigente, PI, y Movimiento de Integración y Desarrollo, MID) y los votos en blanco y anulados, entre ocho partidos políticos.
La izquierda se dividió en varios partidos y agrupaciones, de tal suerte que su votación resulta lamentable, lo mismo que la derecha. El Partido Comunista, seguro de obtener varias diputaciones, quedó sin nada. El Movimiento al Socialismo, anteriormente conocido como Partido Socialista de los Trabajadores, bajó de 181,474 votos en las elecciones presidenciales de 1973, a apenas 40,000 votos en 1983. Los otros grupos de la izquierda simplemente no contaron en el proceso electoral.
Sin embargo, es de destacarse que, Partido Intransigente aparte, la izquierda no tendrá representación parlamentaria. Lo mismo sucede en la derecha: aparte del MID, no habrá representación amplia (exceptuando casos excepcionales, como el del candidato de la Unión de Centro Democrático, A. Alsogaray).
Contradictoriamente, pues, al mismo tiempo que el pueblo por la democracia, también se cerraban las puertas a una representación parlamentaria que, en estos momentos, pudiera ser decisiva para influir en el curso de acontecimientos que seguirá el país en los próximos meses y años.
 

Urge un frente de países pobres. El Universal. 21 de noviembre 1983

Huelga en FASA. El Universal. 26 de septiembre 1983

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