RICARDO PASCOE 1983/07/31

Corrupción y Sistema Política.   El Universal. 1 de agosto. 1982

Corrupción y sistema político
Por RICARDO PASCOE PIERCE
El caso de Díaz Serrano ha impactado profundamente a la sociedad mexicana. Jamás se había visto que la estructura de dominación fuese tan obvia en la resolución de sus conflictos políticos internos.
Debido a esto, existe cierto escepticismo en relación al caso mencionado. Escepticismo que, de no despejarse, simplemente crecerá y se amplificará, dando como resultado mayor incredulidad popular hacia el Gobierno. El escepticismo parte de una inquietud, convertida en pregunta: ¿es realmente, una limpia de la corrupción en el Gobierno, o es parte de las vendettas y venganzas políticas que habitualmente se dan entre grupos políticos, particularmente después de la toma del poder de un grupo victorioso? Si es lo primero, evidentemente habrá un largo camino que recorrer para arribar a la meta: simplemente debemos preguntarnos cuántos funcionarios del sexenio pasado participaron en la corrupción. Seguramente un porcentaje muy elevado. Además, cuántos de esos funcionarios están, hoy, participando en la actual administración. Si la intención es limpiar definitivamente al Gobierno de la corrupción (y así debiera ser), entonces se avecinan días difíciles, pues el desfile de corruptos será largo. Empero, si la intención es golpear a grupos políticos, descabezar a figuras, aterrorizar a otros, lo cierto es que otro tipo de desfile será inacabable: el de las acusaciones mutuas entre grupos, lo cual probablemente no dejará de manchar a todo aquel que participa en la política oficialista.
Sin embargo, antes de expresar una opinión en relación a cuál de las dos opciones es la buena, reflexionaremos acerca de la función política de la corrupción. Pues la corrupción no es un fenómeno ni nuevo ni novedoso. Cada sexenio ha creado sus justificantes para la corrupción. Más que un botín, es un elemento de cohesión política. Curiosamente, aquel instrumento de democracia asegura la no-reelección, se ha convertido en talón de Aquiles del sistema. Si bien hay un grupo de gobernantes que tienden a rotarse, lo cierto es que su estancia en "momentos" de poder es rotativa; por tanto, ha cundido la psicología del aprovechamiento de la coyuntura. Esto es válido no solamente para funcionarios, sino para toda la estructura de dominación en el país, empezando por presidentes de manzana y comisarios ejidales, pasando por funciones municipales y de representación social (dirigentes sindicales, de campesinos y organizaciones populares).
La corrupción es, pues, una parte integral del sistema político mexicano. Por esto resulta tan natural dar mordidas a los agentes de la Policía. Es parte de un conjunto de relaciones económicas, sociales y políticas del país. O para decirlo más precisamente, la corrupción es el elemento natural y objetivo de estabilidad política del partido en el poder. Sin corrupción, el control político del PRI-Gobierno naturalmente decrecerá.
El número de personas susceptibles a ser movidos y cooptados por el sistema se reduce en función de la rentabilidad del mismo. Es lógico, por ejemplo, de que para el PRI sea obvio que sus derrotas electorales se deben a que sectores empresariales gastaron dinero en el PAN y no en ellos. Es un problema de mayor capacidad de compra. La lógica es impecable pues proviene de las prácticas tradicionales emanadas de una forma específica de control y dominación, y que hoy se ve cuestionada.
Debido a esto, a la naturaleza estructural de la corrupción resulta evidente que no habrá una limpia del Gobierno, pues esto provocará su caída. Entonces, parece ser que la segunda opción es lo que realmente sucede; o sea, pugnas entre grupos políticos. Díaz Serrano, entre otros, condujo la política económica del sexenio pasado. La mentalidad triunfalista de la administración de la abundancia seguramente influuyó para que tomara del erario público sin empachos. Pero, en este sexenio, ante un contexto económico diferente, existe la misma mentalidad de fondo: ya vamos saliendo de la crisis, las reservas de divisas son extraordinarias, se recupera el país. Todo lo cual es, por supuesto, una ilusión de oasis en el desierto. Pero la mentalidad puede llevar a acciones de tanto despecho hacia el pueblo como las de Díaz Serrano: en el sexenio pasado se recurrió al robo descarado porque se suponía inagotable la fuente de riqueza, mientras que en éste se puede suponer...
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...que, para defender la fuente de riqueza en el país, los trabajadores tendrán que sacrificar todo y vivir en la miseria total.
Finalmente, la pregunta que surge del escepticismo es si se ha entendido lo que es la corrupción en toda su dimensión.

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