Salario, empleo y sindicatos
Por RICARDO PASCOE PIERCE
DESDE la devaluación del peso en febrero de este año, pasando por la creciente agudización de la crisis económica con recesión, inflación y estancamiento, dos problemas se han hecho centrales en la lucha sindical. En primer término, la defensa del salario y el nivel de vida de los trabajadores, y, en segundo lugar, la defensa del empleo. Debido a que estos dos problemas no son nuevos para los trabajadores, es preciso definir algunas consideraciones respecto a su contenido e impacto sobre los sectores sociales involucrados.
En momentos de crisis, la clase trabajadora responde de manera contradictoria a la crisis. No es válido suponer que este tipo de situaciones genera una actitud de radicalización y ascenso en la lucha de clases. En efecto, históricamente la clase trabajadora ha dado respuestas que no responden a modelos preconcebidos a las crisis económicas. Es ilustrativo ver que hoy, ante la recesión e inflación, los trabajadores británicos, norteamericanos, alemanes, italianos, etc., o sea, de los grandes centros capitalistas del mundo, han reaccionado con enorme cautela. En el caso de Estados Unidos, la clase obrera de los grandes sectores industriales (automóvil, siderurgia, electrónica, aviación, servicios, gobierno), han incluso visto reducido su salario real, y a veces nominal, además de prestaciones sociales. No se observan grandes huelgas generales en Inglaterra, a pesar de que la clase obrera sindicalizada empieza a plantearse la necesidad de una resistencia seria a la política económica de los conservadores.
Ante la combinación recesión-inflación la clase trabajadora se cuida. Una cosa es luchar por aumentos salariales en periodos de crecimiento económico, y otra, completamente diferente, es esa misma lucha en el contexto de recesión y el aumento del desempleo. Los momentos históricos de más lucha obrera y campesina han sido, justamente, durante la expansión económica de un país, o los periodos de crisis total, en el cual el sistema productivo se derrumba. Periodos intermedios no ven grandes jornadas obreras, ni gran resistencia, sino, en todo caso, luchas localizadas o regionalizadas.
Esto no debe sonar ni a una interpretación demasiado sociológica, ni demasiado pesimista. Lo que sucede es que es terriblemente fácil fanatizar y dogmatizar la conciencia de clase, para luego convertirla en reliquia religiosa. Para elaborar una táctica y estrategia de intervención correcta, es necesario saber de qué se trata el asunto.
Los dirigentes de las centrales obreras están enfrascados en un debate de fondo sobre la estrategia obrera en este periodo. Fidel Velázquez postuló la primera posición al decir que su central (CTM) luchará por un aumento de emergencia de por lo menos 50%. La COR, y, en la práctica, la FSTSE plantean otra posición: los aumentos salariales van a provocar más desempleo, que es, para ellos, la preocupación central. Por tanto, prefieren no dar luchas salariales sin antes asegurar el empleo de sus agremiados. Ante esta clara división en el Congreso del Trabajo, la CTM respondió diciendo que se está exagerando el desempleo, que no es posible hablar de millones, pues no es cierto. La COR y la CGT reiteran que el desempleo es de millones, y que se avecinan cosas peores, pues el crecimiento económico ya es negativo.
Hay dos hechos constatables: en primer lugar, que el salario real de los trabajadores se está reduciendo drásticamente, mientras que el desempleo abierto ha crecido a niveles extraordinarios, llegando incluso a los millones de despedidos en lo que va del año.
Estos dos hechos confirman que la demanda de la CTM de aumento salarial es justa, mientras el miedo provocado por el desempleo también.
La respuesta clara de los trabajadores sería el establecimiento de demandas complementarias para atacar los dos problemas, en vez de presentarlos como contradictorios y excluyentes. Sin embargo, la burocracia sindical del país ha dado prioridad, una vez mas, a sus luchas internas, más que los intereses de los trabajadores. La respuesta ha sido que cada sindicato emplazara a huelga por su lado, sin coincidir con otros sectores en lucha. Trágico error de los dirigentes. La clase obrera, dividida, no resolverá nada. Los dirigentes podrán resolver sus problemas, pero no los de los trabajadores.