Juchitán, pueblo sitiado
Por RICARDO PASCOE PIERCE
JUCHITÁN no es ni el primer ayuntamiento, ni seguramente el último, que ha perdido el PRI en elecciones locales. Nunca ha aceptado perder gubernaturas, pero sí gobiernos municipales han sido mucho más resbaladizos. Movimientos populares locales y sus demandas han rebasado, en ocasiones, la capacidad de concesión y negociación del PRI, lográndose así que sectores populares o antipriístas hayan tomado las riendas de los ayuntamientos. ¿Por qué, entonces, tanto acoso a un municipio pobre en el Istmo de Tehuantepec? ¿Por qué el surgimiento de grupos paramilitares fascistas, además de la reubicación, de Sinaloa a Juchitán, del Comando Bope? ¿Por qué el acantonamiento de un nuevo batallón en Matías Romero, aparte del que ya está en Ixtepec? ¿Por qué la campaña burguesa estatal y nacional en contra de los dirigentes de la COCEI, presentándolos como vinculados a la guerrilla centroamericana? ¿Por qué la asfixia económica al gobierno municipal?
Hay, como debe ser, razones poderosas que explica, o empiezan a explicar, estos interrogantes. Y son razones que van mucho más allá de la discusión acerca de la validez o no, de la reforma política, de la participación electoral o el abstencionismo, aunque ciertamente recoge el carácter restrictivo, limitado y demagógico de la reforma política. Son razones de estrategia imperialista y de crecimiento capitalista-nacional e internacional.
Las razones, tanto políticas como económicas, se relacionan a dos proyectos ya en vías de desarrollo: primero, la intención imperialista de impedir que la ‘ola roja’ de Centroamérica llegue a México, a sus pozos petroleros y demás materias primas; y, segundo, el de crear una alternativa estratégica y económica al Canal de Panamá, uniendo a los puertos de Salinas Cruz y Coatzacoalcos (ambos puertos de altura, capaces de recibir los barcos más grandes del mundo) con una línea férrea, además de la creación de un corredor industrial que permitiría aprovechar la abundancia de materias primas de la zona, incluyendo los productos de la planta petroquímica más grande de América Latina, y una fuerza de trabajo barata.
Es evidente que los acontecimientos de Nicaragua, El Salvador y Guatemala representan, para el Gobierno y la burguesía de México, un peligro estratégico. El avance incontenible de las fuerzas revolucionarias ha planteado problemas de solución y contención a las fuerzas burguesas en México. No viene al caso discutir las diferencias tácticas entre Reagan y López Portillo; conviene revisar la actitud interna adoptada por el Gobierno. En primer lugar, se advierte una creciente militarización de la parte sur de la República; militarización que se expresa de formas distintas. En primer lugar, en una presencia militar importante en Chiapas, sobre la frontera con Guatemala (o, dicho de otra manera, sobre la frontera con América Central), destacándose tropa en otras zonas hasta el Istmo de Tehuantepec. En segundo lugar, con la presencia de militares en puestos de elección popular, como en el caso del nuevo gobernador de Yucatán, y con posibilidades en Chiapas. Por otro lado, se observa la actitud abiertamente anticomunista del candidato De la Madrid, junto con la realización, recientemente, de una marcha en Oaxaca encabezada por el cura Bartolomé, la iniciativa privada local y la CNC protestando por los acontecimientos en Polonia y denunciando el comunismo, todo lo cual equivale a crear una disposición en la población a aceptar medidas en contra del comunismo, o, en todo caso, a las luchas populares. Es más, crea condiciones para el surgimiento de formas burguesas de lucha en contra del pueblo, con el adiestramiento y equipamiento de bandas paramilitares y su encubrimiento por instancias oficiales.
Aunado a este esfuerzo estratégico de impedir que la influencia de los revolucionarios centroamericanos se combine con la lucha revolucionaria en México, está el proyecto Alfa-Omega de transformar el Istmo de Tehuantepec en una nueva y vital vía comercial, industrial y militar, respondiendo a intereses nacionales...
(CONTINÚA EN LA PÁGINA 13)
Juchitán, pueblo sitiado
(CONTINÚA DE LA PÁGINA 4)
...e internacionales. El ex presidente Echeverría tuvo un conocimiento amplio del proyecto, estuvo de acuerdo en su realización y promovió que capitales nacionales e internacionales participaran en su proyección. Así, los puertos de Salina Cruz y Coatzacoalcos forman los dos polos de este proyecto, con las ciudades de Minatitlán, Matías Romero, Juchitán e Ixtepec formando eslabones en el proyecto de la línea férrea y el corredor industrial. Empresas norteamericanas han publicado sus proyecciones para la zona, donde se afirma, entre otras cosas, que “el istmo de Tehuantepec está considerado como una región subdesarrollada y como tal tiene más exenciones fiscales y legales que cualquiera otra región de México. Por ejemplo, firmas extranjeras pueden construir allí plantas de depósitos de propiedad 100% extranjera, para exportar mercancías a todo el mundo. Por encima de esto, las exenciones de impuestos son masivas y generosas”.
Ante los peligros provenientes de Centroamérica, y los proyectos estratégicos de inversiones para la zona del Istmo de Tehuantepec, no nos puede extrañar que la fuerza organizada de los trabajadores que representa la COCEI, represente un peligro real para el capital. Podemos concluir que al gobierno y al capital no le preocupa perder un municipio a fuerzas independientes; lo que la aterroriza es ver el avance político y organizativo de los trabajadores con una conciencia política anticapitalista.
El pueblo de Juchitán enfrenta, hoy, lo más bestial del sistema capitalista: sus intereses económicos, y sus aparatos represivos. Ante esta situación, estimamos urgente la solidaridad con el pueblo juchiteco, y llamamos, desde esta columna, a todas las fuerzas a cerrar filas en torno al heroico y martirizado ayuntamiento popular, hoy en pie de lucha.