La construcción del partido
Por Ricardo Pascoe Pierce
La experiencia, limitada pero rica, de la izquierda mexicana en las elecciones, ha puesto de manifiesto un problema que es, cada vez más importante. ¿Cómo combinar la construcción de un partido revolucionario, de masas y combativo, con la participación electoral?
Mucho se ha dicho, y especulado, acerca de la incompatibilidad entre la actividad revolucionaria y la electoral. Se ha llegado a decir, incluso, que el hecho de participar en elecciones descalificaba a uno del campo revolucionario; otros, que sí se puede participar donde puedes ganar, mas no donde pierdes. Toda esta discusión ha puesto en claro lo raquítico y pobre de la teoría revolucionaria de la construcción del partido. Es necesario, pues, señalar algunos de los problemas relacionados a la construcción del partido en periodos electorales.
Una primera constatación que haría probablemente cualquier candidato, de cualquier partido, derecha o izquierda, es el masivo descontento existente entre las masas mexicanas. Y, directamente ligado a este descontento, es la búsqueda de alternativas. En el campo y en la ciudad, se empieza a pasar hambre; el desempleo y los despidos están a la orden del día; la destrucción del ambiente urbano hace miserable la vida citadina, aunados a la carencia de transporte público eficiente, falta de esparcimiento, escuelas, todo. Así, pues, mientras el Gobierno y el PRI tratan de señalar a los críticos como aprovechadores de la situación difícil por la que atraviesa el país, lo cierto es que los partidos de oposición señalan lo que el pueblo ya sabe: que las cosas están mal, y se pondrán peor, para el trabajador y su familia.
Aunado al descontento tan masivo, y la búsqueda real de alternativas políticas y económicas para el país, encontramos a amplios sectores de trabajadores del campo y de la ciudad que seriamente se plantean la necesidad de nuevas formas de organización y de lucha para lograr sus demandas.
Lo cierto es que mucho se ha dicho, desde hace mucho tiempo, en relación a la miseria del pueblo, y de su radicalización política, pero es hasta hoy, en, y a través, de la campaña electoral en nivel nacional, que se ha podido no solamente constatar el hecho, sino empezar a dar cuerpo a esa alternativa que tanto busca nuestro pueblo.
El carácter nacional de la campaña ha permitido dar una visión general al pueblo de las alternativas en juego. Ha permitido hablar con amplios sectores acerca de los problemas del país y de sus trabajadores; ha permitido ver la magnitud de la tarea enfrente, de sus dificultades y de sus perspectivas. Y, justamente por la radicalidad de la situación económica y política, es que los proyectos políticos y partidarios han salido a relucir con más claridad. En realidad, existen en el país varios proyectos diferenciados. La presión de la crisis económica, el terrorismo político y la preocupación por el avance de la izquierda, ha hecho que el PAN se declare por la vía porfirista: o sea, autoritaria y represiva, mientras que el PRI y todos sus aliados van, objetivamente, hacia una democracia restringida, controlada y precaria, mientras el PST y PSUM abogan, de manera diferenciada, por la reestructuración del capitalismo mexicano, profundizando su rostro democrático, y el PRT plantea el carácter burgués del régimen electoral y demanda la revolución socialista.
Así el debate que enfrentan las masas mexicanas, existe un objetivo primordial: la creación de las condiciones para llevar a cabo los proyectos. En el campo revolucionario existen varios problemas.
En primer lugar, no existe una gran capacidad de convertir el apoyo en partido, en estructura orgánica. Al mismo tiempo, no hay, aún, mecanismos claros para convertir ese apoyo en conciencia política articulada. Las afiliaciones deben convertirse en instrumentos de organización y coordinación entre sectores sociales, a través del instrumento partido.
En segundo lugar, es preciso no caer en una dinámica parlamentaria, y de evitar que los dirigentes se conviertan en negociadores de posiciones de poder dentro de la estructura institucional, en vez de ser dirigentes políticos en el sentido más amplio de la palabra: de partido, de masas, de ideas y concepciones.
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La construcción del
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En último lugar, el problema de hacer que el partido esté enraizado en el movimiento de masas, que sea parte natural y necesario de su actividad cotidiana, que responda naturalmente a sus demandas, luchas y formas de organización es uno de los retos y problemas fundamentales que enfrentan hoy los revolucionarios empeñados en la actividad electoral. Sobre todo, es necesario no perder de vista que, por encima de todo, está el objetivo de la colectividad: lograr el socialismo.