RICARDO PASCOE 1982/10/03

Las maquiladoras. El Universal. 4 de octubre 1982

Las maquiladoras
Por RICARDO PASCOE PIERCE
El anuncio, hecho recientemente por el secretario de Hacienda y Crédito Público, de que la zona fronteriza (que comprende la zona limítrofe y las zonas libres) tendrá un régimen especial en cuanto al uso y acceso a dólares, debe mover a la reflexión en cuanto el papel que juega esta parte de la República en el proceso de acumulación de capital. En particular, podemos señalar el hecho de que dos rubros cubren las actividades económicas de esa zona: la actividad comercial, emprendida por mexicanos y norteamericanos, misma que ocupa a una gran capa de la población fronteriza, y la actividad industrial, ejecutada a través de las maquiladoras, empresas 100% norteamericanas.
A partir de la nacionalización de la banca y, en particular el establecimiento del control de cambios, la fracción comercial de la burguesía mexicana instalada en la frontera ha reaccionado con virulencia: su existencia se debe justamente a la libre convertibilidad del dólar, y la política prácticamente oficial de fronteras abiertas. Los paros patronales y la continua fuga de capitales se han dado en la frontera Norte; el problema se volvió incontrolable, y el Gobierno federal tuvo que ceder: se reestablecerá la libre convertibilidad, clavando así una estaca en la política de control de cambios. El Gobierno optó por ceder ante las presiones patronales, en vez de enfrentarlas y ratificar, enérgicamente, la validez de su política, llegando incluso al encarcelamiento masivo de quienes desafiaban abiertamente dicho control.
Sin embargo, de quienes no se ha sabido nada son los dueños de las maquiladoras. Ante el crecimiento de las pasiones y los enojos, de las acusaciones y las acciones desesperadas e incluso ilegales, los dueños de las maquiladoras han adoptado otra actitud. En contraste con la burguesía comercial mexicana, la burguesía industrial norteamericana ha visto las ventajas de la situación, y ha preferido quedarse callada.
Tal y como lo hemos dicho antes, quienes se han beneficiado grandemente de la política gubernamental han sido los capitales extranjeros. México es un paraíso para la inversión que busca fuerza de trabajo barata, materias primas abundantes y baratas comparativamente, y comprensión por parte del Gobierno hospitalario. En este sentido, y para sus fines particulares, las maquiladoras han encontrado una situación excepcionalmente buena. En primer lugar, el hecho de las dos devaluaciones en lo que va del año ha reducido en más de un dólar por hora el costo de la fuerza de trabajo. Hoy el costo de la fuerza de trabajo mexicana en la frontera Norte se compara equitativamente con la de Taiwan, Hong Kong y Singapur, cosa que no sucedía antes de 1982. O sea, ha habido un abaratamiento masivo y drástico de la fuerza de trabajo, lo cual equivale a una reducción igualmente drástica del nivel de vida de los trabajadores.
Aunado a este hecho central, encontramos que la conciencia del hecho existe: Cameron Clark, presidente de una compañía norteamericana que se especializa en el establecimiento de empresas norteamericanas en el tercer mundo, dice: "La devaluación (en México) será un estímulo para el desarrollo de un programa de maquila. Esto sitúa a México en una posición mucho más competitiva respecto a otras alternativas: Colombia, Haití, Filipinas y Asia, por ejemplo". Robert Gough, vicepresidente de Data Resources, Inc. afirma lo mismo: "Es obvio que la devaluación del peso hará que esas plantas sean ahora mucho más atractivas para los fabricantes estadounidenses".
Además, debido tanto al régimen interno de las plantas, así como la situación sindical de los trabajadores, y el empleo más regular de maquinaria nueva, resulta que los empresarios norteamericanos coinciden en que la productividad de la fuerza de trabajo mexicana es alrededor del 30% superior a la de los obreros norteamericanos. Incluso se comenta que las mujeres empleadas en las maquiladoras en Tijuana aumentaron su productividad en 15%, después de la devaluación de febrero de este año.
Resulta evidente que, sobre la base del abaratamiento de la fuerza de trabajo, aunado a su intensa productividad, la zona fronteriza representa, más que una solución al empleo mexicano, una salida a la crisis de acumulación capitalista en Estados Unidos. La solución que da el Gobierno federal, al reestablecer la libre convertibilidad en esta zona, es simplemente asegurarles a las maquiladoras sus mecanismos formales para extraer del país sus ganancias y sus mercancías. El saqueo continúa.

Salario, empleo y sindicatos.  El Universal.  11 de octubre 1982

El problema de la izquierda.  El Universal. 13 septiembre 1982.