RICARDO PASCOE 1990/11/11

En vísperas del Congreso. El Universal. 12 de noviembre 1990

En vísperas del Congreso
Ricardo Pascoe Pierce
El Primer Congreso Nacional del PRD ha suscitado gran interés. Tan es así que connotados periodistas se dieron cita en el programa televisivo de la revista NEXOS para interrogar al Ing. Cárdenas acerca de su apreciación del Congreso, y aprovechando el lugar y momento para dar rienda suelta a sus opiniones sobre los puntos del evento.
El interés no es para menos. Se tiene que debatir la línea política del PRD en los próximos meses y años. Es decir, ante las elecciones federales del '91 y el '94. Y ante un país enfrentando una crisis económica que tiende a ahondarse. Y una sociedad resueltamente buscando nuevas formas de participación.
Si bien se corre el riesgo de una esquematización, hay, en el PRD, dos líneas políticas distintas. Las diferencias vienen de muy atrás: de las distintas rupturas en la izquierda, diferenciadas en su contexto, debate y propuestas y las rupturas del PRI, también provenientes de distintas tradiciones, concepciones y expectativas. Las dos líneas, que pudieran encontrarse en el Congreso, tienden a aglutinar las distintas fuerzas del PRD, tanto del PRI como de la izquierda. Por ello, el PRD vive un proceso de ruptura con las ideologías anteriores de sus grupos conformantes. Es un proceso complejo de rupturas y reconformaciones que no ha concluido. Sin embargo, el debate de estrategia política se ha centrado en un problema central: La relación del PRD con el PRI.
La mayoría panista resolvió este problema proponiéndole al PRI un acuerdo de transacción política. El PAN ha aceptado ser el socio menor del gobierno a cambio de que este lo mantenga en su lugar histórico de principal fuerza de la oposición. Ergo Baja California y Saltillo, por no mencionar el doloroso caso de Mazatlán. Es una concepción: en estos acuerdos, el PAN acepta implícitamente su sometimiento al régimen. No elimina críticas sanas y no-destructivas, simplemente afirma que hay una raya que nunca se atreverá a rebasar el PAN: la toma del poder.
La estrategia panista puede ser interpretada de otra manera. Es, seguramente diría algún panegírico, un método para transitar hacia la democracia. ¿La qué?
Un proceso democrático requiere del concurso de amplias capas de la sociedad. La democracia dirigida desde arriba es un mito de los politólogos que no sabían explicar lo que estaban viendo. Pero Gorbachev y otros tendrán que razonar que sus esfuerzos por dirigir desde arriba toparon con la insistencia de las sociedades que demandaban mayor participación política.
Esto viene al caso con relación al Congreso del PRD. Una línea propone seguir el ejemplo del PAN, en lo esencial. Matices mas o matices menos, se busca priorizar la relación política con el PRI como campo de batalla fundamental. Lo peor es que, consecuentemente, prioriza el estire y afloja de la negociación en frío para lograr los avances democráticos que la sociedad desea, pensando que el gobierno está pensando en lo mismo. O sorpresa descubrir que el gobierno no está pensando en lo mismo, sino que más bien le preocupa como utilizar lo que se mueve en la sociedad para su consolidación. La alegata del concilio parte de una concepción acerca de la elasticidad del régimen para cambiar y transformar sus formas y estructuras políticas.
En contraposición existe la concepción de que la sociedad en su conjunto va a tener que sublevarse cívicamente para lograr que se den las garantías necesarias para una transformación democrática. Las elecciones en el estado de México demuestran con crudeza esta realidad. La falta de voluntad política, la violación a los derechos ciudadanos proviene directamente de las altas esferas gubernamentales. De no ser así se puede concluir que el centralismo desapareció de la noche a la mañana. La sociedad tiene el reto de transformar el Estado. En un régimen de partido de Estado, la participación ciudadana implica la confrontación con el poder establecido. No es un poder producto de un consenso, sino más bien del disenso fracturado. La sociedad, movilizada y organizada, tendrá la tarea de tratocar las relaciones políticas, sociales e ideológicas entre ciudadanos y poder político/público. El reto para el PRD es seguir siendo la fuerza que encabece y encarna el potencial transformador del pueblo de México.
El PAN perdió su oportunidad histórica de representar una opción de cambio, al sumarse al juego de sistema. Un nuevo juego, pero dentro del sistema de la hegemonía priísta. El PRD representa la opción de la sociedad en busca de su alma y su destino. El programa preparará ese terreno. No otro.
 
 

Condiciones para asegurar el voto. El Universal.19 de noviembre 1990

A dos años. El Universal. 5 de noviembre 1990.

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