El tratado con EU y el petróleo
Por RICARDO PASCOE PIERCE
RESULTA enigmática, en el mejor de los casos, la insistencia de que debe ser acordado el tratado de libre comercio entre Estados Unidos y México. La razón de la extrañeza es muy sencilla: México ingresó al GATT y, por tanto, es partícipe del marco de relación multilateral en el mundo del comercio, de la industria y de los servicios. ¿Qué pudiera buscarse, fuera de este convenio multilateral, con uno de corte bilateral? Quizá sea necesario buscar la respuesta a algunos de los problemas estratégicos aún no resueltos entre México y Estados Unidos, y principalmente, en la perspectiva norteamericana ante determinados procesos económicos, tanto suyos como internacionales. En este contexto, resulta evidente que el tratado del libre comercio le conviene a Estados Unidos para consolidar su proyecto, aunque sea de facto, de un mercado común de América del Norte.
En esta perspectiva, la ubicación de México es específica en el marco de un acuerdo de mercado común norteamericano, nuestro país jugaría el papel de abastecedor de materias primas y mano de obra barata. Canadá es una fuente de abastecimiento de recursos naturales y Estados Unidos proveería, ciertamente, el factor capital. Esta triangulación de los factores que integran un proyecto de mercado común se configura en la expectativa de un vasto mercado de 400 millones de personas que pudieran potencialmente gozar de él, aunque sea con participaciones desiguales por las diferencias relativas de países, particularmente en lo que se refiere a ingresos, salarios y patrones de consumo.
Por ello, aún resta por dilucidar el porqué de un acuerdo bilateral cuando, en el marco del GATT, los problemas del intercambio pueden resolverse. La razón estriba, en opinión de algunos observadores, en la cuestión del petróleo. Según estos puntos de vista, la cuestión de la inversión privada y extranjera en la industria petrolera es el centro de la discusión sobre el convenio bilateral. La guerra en el golfo Pérsico ha hecho aún más importante esta situación, por lo que no es sorprendente que el Gobierno de Estados Unidos se ha apresurado a anunciar que avanzan las pláticas sobre el tratado del libre comercio con México. Quizá los negociadores mexicanos pueden pensar que éste es el momento en que tienen al gigante suplicante y de rodillas, por lo cual habría que aprovechar para negociar términos más holgados. Sin embargo, Carla Hills, representante de Estados Unidos en esta negociación, advirtió ante una comisión de la Cámara de Representantes de Estados Unidos que su interés es discutir con México primordialmente el problema de la industria petroquímica, hablar de petroquímica es hablar de petróleo y hablar de petróleo es hablar de Pemex. Hablar de Pemex es hablar del proyecto nacional de cada fuerza política.
También es notorio señalar lo que no incluye un proyecto bilateral. El secretario de Comercio, Jaime Serra Puche, señaló, ante la Comisión de Relaciones Exteriores del Parlamento canadiense en una audiencia pública que sostuvo en ese país que México no pedirá incluir en negociaciones sobre el acuerdo bilateral el tema de los trabajadores migratorios. Es decir, no es prioridad para el Gobierno de México el problema de los trabajadores migrantes mexicanos en Estados Unidos. Al excluir este tema, seguramente pensara que no estorbará su negociación con Estados Unidos, pues de haber incluido un tema tan fastidioso y complejo como lo es el de los trabajadores migrantes seguramente haría más difícil el acuerdo.
Así las cosas, es evidente que, por un lado, Estados Unidos se interesa en la posibilidad de una inversión diversificada en el sector petrolero mexicano y, por el otro, ha logrado que el Gobierno de México no le plantee el problema espinoso de los trabajadores migratorios. Fuera de esta negociación bilateral existen ya las maquiladoras con un salario comparativo de 1.60 dólares la hora en México en comparación de los 13 o 14 dólares por hora en Canadá y 18 a 20 dólares la hora en Estados Unidos.
El GATT ha iniciado discusiones en torno a la posibilidad de la apertura de los sectores de servicios, principalmente con la participación del sector bancario, lo cual hace que este sector también se abrirá a la participación de capital extranjero, de desearlo.
Puesto así, es evidente que el tratado del libre comercio que impulsa con tanto afán el Gobierno mexicano es, más que nada, un intento por agradar a algunos intereses económicos de Estados Unidos. Junto con esta política de acercamiento a EU, se ha decidido jugar la carta de la negociación bilateral y de alguna manera, convertirse en punto de discordia con Canadá, al mismo tiempo que esto repercute en el establecimiento de relaciones bilaterales normales entre ambos países. Este es el marco con el cual se da la discusión en torno al proyecto del libre comercio. La intención del Gobierno de México es, al parecer, tener acceso a recursos económicos que no han podido obtener por otras vías de negociación. Sin embargo, la historia nos dice que las concesiones reiteradas y sistemáticas hacia las potencias imperiales siempre han derivado en perjuicios substanciales a los pueblos que ofrecen tales concesiones.
El problema es, más bien, no cejar en las negociaciones, pero buscando situarlas en un contexto radicalmente diferente, cosa que sería factible de contar México con un Gobierno fuerte y respaldado por un pueblo consciente de las necesidades nacionales. No siendo el caso, el problema de la negociación del tratado del libre comercio pone a nuestro...
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Recuadro de continuación:
El tratado con(CONTINÚA DE LA PÁGINA 6)...país en una grave desventaja. Desventaja que se puede agravar si se avanza con la celeridad con la que al parecer se está haciendo, a pesar de la urgencia del caso, en la devolución de la industria petrolera a los capitales privados.