Don Rodolfo ante las decisiones de su tiempo
Por RICARDO PASCOE PIERCE
CONOCÍ por primera vez a don Rodolfo González Guevara, cuando, como subsecretario de Gobernación, bajo la gestión del profesor Olivares Santana, fungía como secretario técnico de la Comisión Federal Electoral, siendo yo el representante del PRT durante las elecciones federales de 1982. Debido a la novedad de la circunstancia de nuevos registros a vecinos partidos políticos, específicamente por ser la primera vez que PRT y PSD participaban en elecciones federales, resultó un encuentro de una diversidad política que hacía época.
Ciertamente era una señal de cosas que vendrían más adelante. Después de concluido el proceso electoral, se suscitó un conflicto político cupular acerca de si al PRT se le otorgaba o no, el registro electoral y, por consiguiente, sus respectivos diputados. Debido a que existía oposición en ciertas esferas gubernamentales a que doña Rosario Ibarra fuera diputada (se había combinado su candidatura presidencial con su inclusión en la lista plurinominal), se abrió una pugna entre sectores oficiales de la conveniencia de dar cabida a fuerzas vacías al juego político. La discusión en torno al registro del PRD se convirtió en un debate acerca de las posibilidades de cambio del sistema político vigente. En aquella ocasión fue don Rodolfo quien con mayor claridad, insistió en la necesidad de abrir espacios de participación política a otras organizaciones. Si bien no fue un momento de cambios trascendentes, y ciertamente los cambios que sí se daban aún venían muy controlados desde arriba, la posición de González Guevara fue substancial para mantener abiertas las puertas hacia nuevas formas de participación.
En su participación política posterior siempre destacó por ser un hombre crítico de las cuestiones nacionales con una misma ideología determinada. Quizá sea el hecho de que Rodolfo González Guevara es un hombre de convicciones ideológicas lo que desconcierta a muchas personas que lo quisieran ver fácilmente ubicable en algún campo político. Ha empezado a recrudecer, en el terreno político, el asomo de la intolerancia en los ataques de tipo personal contra González Guevara, lo cual es producto de su firmeza en el terreno de las ideas. Ciertamente, don Rodolfo es un hombre polémico, no sólo por su insistencia a la necesidad de democratizar al partido oficial, sino también por el hecho de que es un hombre de convicciones políticas muy claras.
La etapa de su historia que vive el partido oficial entra en una profunda crisis al no querer encarar el hecho de que hay nuevas definiciones ideológicas que están tomando cuerpo y que no se asume como tales. El PRI tiene estructura para dirimir conflictos de interés, mas no de programa ni de disputa ideológica. Las propuestas de cambio se referían básicamente a la cuestión estatutaria en la Asamblea Nacional, no al contenido programático ni ideológico. Don Rodolfo ha señalado que no está de acuerdo con la conducción política llevada a cabo hasta el momento por la dirección del PRI, y señala, en su carta de renuncia, el hecho de que el partido oficial maneja un programa con un contenido ideológico y programático determinado, pero que en la práctica impulsa políticas y orientaciones contrarias.
La embestida del oficialismo en contra de González Guevara no se hizo esperar. Ante ello, hay una serie de factores que deben ser analizados a la postre de la asamblea del PRI.
El discurso de Salinas en la clausura del partido del PRI definió dos cuestiones fundamentales: a) la negativa del PRI a perder elecciones, aun en tiempos "democráticos", como parte consubstancial al fortalecimiento de las burocracias partidarias y, b) la insistencia en que toda discusión debe transcurrir al interior del partido oficial, por lo cual fuera de él no puede existir debate válido.
Estos dos elementos son consubstanciales a la noción del régimen de partido de Estado y son sus elementos probablemente más importantes. Don Rodolfo aborda estos problemas y señala que no hay un cambio para bien en el partido oficial, sino que más bien se tiende a fortalecer las fuerzas más retrógradas y burocráticas dentro del partido. Por esta razón se insiste que la asamblea del PRI desvanece las expectativas de una verdadera democratización tanto en su interior como hacia la sociedad en su totalidad. Visto en esta óptica, el rompimiento de González Guevara con el PRI es una postura de gran honestidad intelectual y personal al colocarse a la altura de los tiempos. Los tiempos actuales dictan una sociedad que no desea vivir bajo el signo opresivo de un régimen, un pensamiento o un dictado de una sola línea. La multiplicidad abre las perspectivas de lucha democrática en México y ciertamente la renuncia de don Rodolfo al PRI es un signo alentador en la lucha democrática, y un México en su difícil búsqueda por una nueva opción de cambio y transición democrática.