RICARDO PASCOE 1990/09/23

Cobra vigencia el acuerdo nacional democrático. El Universal. 24 de septiembre 1990

Cobra vigencia el acuerdo nacional democrático
Por RICARDO PASCOE PIERCE
DURANTE los últimos días ha cobrado fuerza la aceptación de la propuesta que hiciera Cuauhtémoc Cárdenas a todas las fuerzas políticas y sociales democráticas del país de lograr un Acuerdo Nacional para la Democracia. El contenido de este acuerdo no es propiamente partidario ni programático, excepto en su intención general. El propósito del Acuerdo Nacional para la Democracia es el de confirmar un pacto entre las más diversas y disímbolas fuerzas sociales y políticas en torno a la necesidad apremiante de transitar hacia un profundo cambio en el régimen político.
Por la forma en que se ha recibido esta propuesta se entiende que es, prácticamente, la confirmación de que los cambios recientes a la ley electoral federal no tuvieran la aceptación de la mayoría de los mexicanos. El hecho de que el Acuerdo Nacional para la Democracia haya tenido una acogida tan amplia y diversa es signo irrefutable de que la reforma electoral no ha logrado satisfacer a las fuerzas que pugnan por un verdadero cambio de régimen político en el país. Como prueba fehaciente se asienta en las afirmaciones recientes de Rodolfo González Guevara en el sentido de que el Acuerdo Nacional para la Democracia abre paso a un compromiso amplio entre todas las fuerzas políticas y sociales del país interesadas en transformar la naturaleza fundamental del régimen político, y, como diría con mayor precisión Cuauhtémoc Cárdenas, para cambiar el régimen de partido de Estado.
Recientemente tres acontecimientos han cimbrado la vida política nacional por razones diversas y de maneras distintas. En primer lugar, el discurso de Salinas en la clausura de la asamblea nacional del PRI, en segundo lugar, la renuncia de González Guevara al partido oficial y, por último, el paso a retiro del general de división Alberto Quintanar López y su simultánea afiliación al PRD. Estos tres aspectos están profundamente interrelacionados entre sí, aunque son acontecimientos y situaciones distintas. El paso a retiro del general de división Quintanar, y su integración a la asesoría a la coordinación nacional del PRD, revela indiscutiblemente que la renuncia de un hombre a un puesto no es un acto exclusivamente individual y aislado, sino que se inscribe en procesos mucho más amplios. Lo mismo pudiera afirmarse en relación con la renuncia de González Guevara al PRI. Lo que importa no es tanto que sea una persona como el hecho de la importancia y significación de la ruptura política de esa persona dentro de estructuras tradicionalmente cerradas a este tipo de movimiento. Estas dos renuncias al corporativismo político priísta, y su incorporación a la política de la oposición, en el caso del general Quintanar en el PRD y Rodolfo González Guevara como promotor del Acuerdo Nacional para la Democracia, ha cimbrado la estructura política oficialista en todos sus sectores. No es gratuita esta reacción oficialista, debido a que refleja lo que está ocurriendo en sectores mucho más amplios de la sociedad.
Un hecho confirmado es que, por ejemplo, un número importante de la tropa, mandos y oficiales votaron por Cuauhtémoc Cárdenas en las elecciones de 1988. Esta virtual ruptura de la hegemonía ideológica del PRI en el seno de las fuerzas armadas, junto con el hecho de que las corrientes liberales y cardenistas llevan rato en franca escisión con el oficialismo, va dejando al PRI vacío de un contenido programático originario de la Revolución y lo obliga a enfrentar o encarar una realidad cada vez más difícil en términos de cómo mantener su cohesión interna.
El oficialismo se mantiene en el poder con acciones administrativas y aparatistas de los distintos sectores controlados autoritariamente desde arriba. La cúpula política es cada vez más autoritaria y centralista en su toma de decisiones, a pesar de que su discurso político sea exactamente lo contrario, pues quiere fundamentar tesis que van en la dirección opuesta al curso real del PRI. Por esta razón resulta concluyente la afirmación de que no es posible esperar de un régimen político indispuesto y resistente a los cambios que los lleve a cabo, a menos de que sea obligado por fuerzas superiores a las transformaciones que el país exige.
Precisamente la idea del Acuerdo Nacional para la Democracia es obligar al régimen a transitar por el camino de las transformaciones a las que se ha negado hasta ahora. Las rupturas internas en el aparato político del oficialismo se deben al hecho de que no se ha logrado un consenso en torno a cómo conducir la política económica ni la internacional, ni las políticas sociales o culturales.
La falta de consenso empieza a ser el verdadero lastre del sistema político mexicano. La incapacidad de cambio también empieza a hacerse patente, principalmente con el discurso severísimo de Salinas en la clausura de la asamblea nacional del PRI.
Señaló categóricamente que no había la menor disposición a ceder a las presiones electorales de la oposición, lo cual, en el sistema político mexicano debe ser interpretado como una negativa a aceptar la derrota en las urnas, y, por lo tanto, puede ser el anuncio de nuevos fraudes electorales. Cuando el canciller Fernando Solana criticó la existencia de una supuesta intención de "importar" la democracia a México, a lo que se está refiriendo, en realidad, es al temor que tiene el régimen a que pudiera crecer la ola de exigencias internacionales de que en México haya observadores en las elecciones federales de 1991, y ciertamente para las de 1994.
Estas circunstancias plantean la necesidad de nuevos acuerdos políticos entre las fuerzas, muchas veces...
(CONTINÚA EN LA PÁGINA 8)
 

 
Recuadro de continuación:
Cobra vigencia(CONTINÚA DE LA PÁGINA 6)...opuestas programáticamente, pero unidos en la perspectiva de la transformación democrática del régimen político. Entre el Partido Acción Nacional y el PRD existe la posibilidad de un terreno común para lograr acuerdos conducentes al tránsito hacia la democracia. Quienes se olvidan de la lucha democrática y consideran que no es el problema político principal del país se olvidan de que tienen que crearse condiciones políticas para que el pueblo participe en la toma de decisiones. De no ser así, la historia seguirá concibiéndose como un fenómeno operado desde arriba, en las cúpulas burocrático-administrativas del poder, y no desde abajo en la perspectiva de la auto-organización del pueblo. Esta idea equivocada ha llevado a que determinadas fuerzas justifiquen su abandono de las preocupaciones democráticas. El PRD, sin embargo, mantiene en alto como objetivo y propuesta fundamental la gestación de las condiciones para asegurar una correlación de fuerzas favorables a la transición democrática en México.

Proposiciones para una nueva República . El Universal .1 octubre 1990.

Don Rodolfo ante las decisiones de su tiempo. El Universal. 17 de septiembre 1990

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