La deuda externa
Por RICARDO PASCOE PIERCE
El presupuesto de ingresos y egresos para 1983, presentado a la Cámara de Diputados por el Presidente de la República, y defendido por dos secretarios de Estado públicamente, propone, en lo esencial, que 50% sea dedicado al pago de la deuda externa. Acompañando este hecho, el día de hoy se inicia la descontrolización de divisas extranjeras, justamente 3 meses y 20 días de haberse implantado. Los subsidios al consumo popular (transporte, agua, luz, alimentos, energéticos, vivienda) se están reduciendo, o, de plano, eliminándose. En enero veremos la respuesta oficial del Estado a la demanda del movimiento obrero de un salario adecuado: se aumentará el salario mínimo.
Suficientes elementos existen, sin embargo, para conformar una apreciación, y una opinión, acerca de la política económica del régimen entrante. Es evidente que la preocupación fundamental de los gobernantes es el pago de la deuda externa y, por ende, la aceptación y aprobación del mundo financiero internacional. De esto se puede concluir, además, que la salida a la crisis que pretende darle el régimen es vía el financiamiento externo, utilizándose el petróleo como instrumento, no de negociación ni de presión, sino de demostración de buena fe de México: hoy somos esquiroles en el mercado petrolero, pero los centros financieros necesitaban una muestra palpable de nuestras intenciones. De hecho, más que la carta de intención al FMI, el esquirolaje petrolero es lo que ha convencido al mundo de nuestra “intención”.
En efecto, cuando Silva Herzog hablaba de un problema de caja, no lo decía en broma: realmente cree que el país atraviesa por una crisis de caja, o de financiamiento. Por tanto, se han abocado a resolver ese problema de financiamiento a través de más financiamiento. Y como el mundo financiero tiene que prestar a México, pues de no hacerlo se resquebrajaría el sistema financiero mundial, existe una presión, de parte de México, sobre los banqueros. Situación que no ha aprovechado México, pues ha negociado con extrema debilidad frente al FMI. O, ¿será que también aquí se cree que la austeridad y miseria de los trabajadores es una solución a la crisis?
Durante 1983 se pagarán, a la banca internacional, solamente los intereses sobre la deuda externa pública. Aún así, 75% de los ingresos petroleros se destinarán a dicho pago... suponiendo, claro, que el precio del petróleo se mantenga estable durante el año (todo indica que bajará el precio, debido a la saturación del mercado mundial y a una reducción real de consumo). Además, con la esperanza de que la tasa de intereses se reduzca de sus niveles actuales. De todas maneras, el nivel de endeudamiento crece a pasos agigantados (se negocian nuevos préstamos de aquí a finales de 1983 de alrededor de 7,000,000,000 de dólares, con más de 1,000 bancos, aparte del hecho de que la deuda existente se ha contraído con más de 1,600 bancos en nivel mundial). Y crece la convicción, en nivel internacional, de que la consigna de salvar a México es un boomerang: jamás podrá pagar su deuda externa. Esta idea existe y crece conforme aumenta el endeudamiento para pagar la deuda. Es obvio para todos que un país que depende del precio internacional de una materia prima carece de flexibilidad para enfrentar los problemas financieros y crediticios de una supuesta potencia industrial media.
En términos de estructura económica, ¿hacia a dónde vamos? México se está transformando en un gigantesco Taiwan. La dependencia económica (y probablemente política) de EU, es creciente, dentro de pocos años el país se inundará de plantas maquiladoras, y la salida de capitales, por concepto de ganancias, remesas, etc., crecerá a cifras astronómicas.
La política económica del régimen nos lleva, inexorable, a una mayor dependencia. El capital internacional hará de México su campo de recreo, los trabajadores seremos los juguetes. El régimen seguirá pensando en soluciones nacionalistas, la farsa tiene el límite de su propia incapacidad de solución, de su imposibilidad.
De momento, es urgente desconocer la deuda externa, agrupar a los países del tercer mundo en un frente para oponer los intereses de los trabajadores a los del capital. El problema no es de México: es de todos los trabajadores del mundo.