Coalición a debate
RICARDO PASCOE PIERCE
AL INTERIOR DEL PAN Y EL PRD CRECE EL debate en torno a la posibilidad de formar una coalición. La propuesta de constituir una coalición opositora ha abierto una discusión política profunda y compleja en cada una de las formaciones partidistas, y la razón de ser de cada argumentación, a favor o en contra, tiene que ver con visiones del país que vienen de lejos. No es un debate en torno a las vanidades y las ambiciones de los principales candidatos. Verlo así es dar rienda suelta a las ganas que unos pueden tener de pelearse con ellos, como es el caso del candidato del PARM. No, más bien es un debate profundo en torno a concepciones políticas diferenciadas de lo que se entiende por transición política y democracia, entre el cambio posible y el cambio deseable.
En el PRD se han expresado dos posiciones y concepciones alrededor de este tema. Éstas fueron expuestas en el último Consejo Nacional, a petición expresa de este órgano de gobierno interno, en boca de Enrique Semo y Adolfo Gilly. Creo que ellos fueron seleccionados para dar a conocer sus puntos de vista por ser exponentes de posiciones tan contrastantes. Quizás habría habido, en la cabeza de quien los convidó a semejante seminario-debate, la idea de que el PRD tendría que buscar una posición intermedia. En todo caso, lo que es evidente es que no hay lugar para posiciones intermedias, sino simplemente las que están a favor o en contra de la coalición. Este fin de semana el PAN y el PRD tendrán que decidir sus posiciones al respecto sin ambigüedades y evasivas. Éste es el fin de semana de la decisión en torno a la coalición. La suerte está echada.
En lo que respecta al PAN se sabe que una mayoría del CEN está en contra de la alianza, pero no encuentran la manera de deslindarse sin pagar grandes costos políticos. De hecho, existió el proyecto de acabar con la coalición entre el Informe Presidencial y el Segundo Informe de Gobierno de Cárdenas en la ciudad, achacándole al propio jefe de Gobierno la responsabilidad total de la ruptura. Este proyecto se malogró debido al apoyo perredista que el PAN requería urgentemente después del Informe Presidencial para evitar la destitución de Medina Plascencia de la presidencia de la Cámara de Diputados. Con ello, se alargó y se complicó, según diversos panistas, tanto el proceso como el agregado de variables a la construcción de una alianza entre el PAN y el PRD. Esto hizo que la labor del Consejo de Notables se realizara y adquiriera una nueva relevancia.
En lo que se refiere al PRD, las dos opiniones se expresaron y terminaron sin esclarecer el fondo de la discusión. Semo habló a favor de la coalición, puso ejemplos históricos como Chile y Argentina, y quiso convencer al Consejo Nacional del PRD de las bondades del PAN. Argumentó que la coalición no solamente permitiría ganar las elecciones, sino que daría gobernabilidad al gobierno de la transición. Insistió en la capacidad del PAN por ser un buen aliado, confiable en su trato, y llamó a no problematizar al extremo el tema del método de elección del candidato presidencial. Gilly, por su lado, rechazó la coalición y construyó una teorización en torno al papel histórico de los reaccionarios en México y la inconfiabilidad de sus acuerdos. En virtud de que la historia también está sembrada de ejemplos, ambas posiciones cuentan con amplios rosarios de explicaciones. En el caso de Gilly, abrió la posibilidad de decir "en última instancia prefiero al PRI que al PAN" y, así, inventó una especie de neo-lombardismo en el umbral de nuevo milenio.
Detrás de ambas posiciones que, repito, vienen de muy lejos, está el tema de la transición posible y la transición deseable.
En este momento el país podría elegir al PRI de nueva cuenta. El partido de Estado sigue siendo una realidad determinante en México. Las virulentas pugnas por el poder entre los grupos de interés priistas son reales y peligrosas. El derrame de los conflictos internos del PRI hacia la sociedad puede tener efectos desastrosos para el país, mientras que los conflictos internos del PAN o PRD son eso: internos. Ésa es la diferencia cualitativa que aún existe entre el PRI y los demás partidos políticos. Éste es el hecho que más claramente define el carácter y la profundidad de la confrontación política que se avecina en México. La transición política enfrenta esta realidad, no otra.
Por otro lado, la transición deseable es, desde el punto de vista de cada partido, lo que estipula su programa. Es la definición del país que cada fuerza propone debiera existir. Así, el PRD plantea la transición democrática, eliminando a la figura de partido de Estado y sugiere la construcción de una democracia plural y representativa. Quizás el problema político hoy en día no es el hecho de que se plantee una serie de alternativas, sino la ruta que se propone seguir para llegar a esa meta.
Finalmente, los partidos tienen que decidir entre una transición y otra. Entre el pragmatismo o sus programas, entre acuerdos diversos y peligrosos o la vía libre del consenso interno. De verdad que la decisión no es fácil: una escisión en el PRI puede cambiar el escenario, pero no es posible diseñar una estrategia política apostando a algo que pudiera, o no, suceder. El problema es construir el futuro y no dejar que sea construido por otros, desde arriba y sin un equilibrio de fuerzas, pero también asegurando que la sociedad acompañe el proceso con conocimiento de causa. Tanto PAN como PRD pueden cosechar para sí mismos, pero la pregunta es más grande: ¿quién cosecha para la nación?