RICARDO PASCOE 1999/12/18

El mundo a fin de siglo. REFORMA. 19 de diciembre 1999

El mundo a fin de siglo

A diferencia de otros siglos, el actual pone de manifiesto la aceleración del tiempo histórico. El ritmo de transformaciones es cada vez más vertiginoso, y ello se aprecia tanto en las personas como en las sociedades y las naciones.
RICARDO PASCOE PIERCE
A DÍAS DEL FIN DE MILENIO, SE ANTOJA hacer algunos comentarios que, en términos de balance, nos lleven a reflexionar sobre el mundo que se fue con el siglo y el que se abre al futuro. En verdad, son impresionantes las transformaciones que se pueden apreciar en la humanidad a lo largo de esta centuria.
A diferencia de otros siglos, el actual pone de manifiesto la aceleración del tiempo histórico. El ritmo de transformaciones es cada vez más vertiginoso, y ello se aprecia tanto en las personas como en las sociedades y las naciones.
El mundo de hoy se caracteriza por fenómenos relativamente recientes pero que determinan el quehacer cotidiano, los límites y las posibilidades de la acción. Entre estas realidades emergentes, la globalización es un dato duro en el que se insertan nuestras vidas. Globalización en la economía, en las comunicaciones, en la política y la cultura, conforman un proceso del que sólo se aprecian actualmente los primeros efectos. Sin duda, las repercusiones serán mayores en la medida que nos adentremos en el próximo siglo y la conformación de bloques económicos adquiera toda su dimensión. La tecnologización acelerada es otro fenómeno finisecular de la modernidad, que se extiende prácticamente a todos los ámbitos y trastoca la forma de entender y practicar las más diversas actividades. La política, por ejemplo, incorpora constantemente instrumentos tecnológicos, a grado tal que hay quien ha acuñado el término tecnopolítica para dar cuenta de esta suerte de fusión entre tecnología y política. Así, parte de las estrategias de la lucha política consiste en no quedar rebasado en la apropiación de la tecnología, ya se trate de mercadotecnia electoral, medios de comunicación, encuestas o bases de datos.
Finalmente, un tercer gran fenómeno que se manifiesta a nivel mundial es la irrupción del pluralismo, ya sea por la vía de la reivindicación de los procesos de autonomización regional o local, o bien de las múltiples identidades: políticas, étnicas, de género, religiosas, sexuales, etcétera. Este último fenómeno constituye un fuerte reto a las actuales instituciones de representación y de gobierno, cuyo diseño se basa en un concepto de democracia fundamentado en la idea de igualdad ciudadana y el principio de mayoría, cuando hoy lo urgente es la mejor representación de las múltiples minorías y la articulación constructiva y productiva de la diversidad.
En fin, éstos y otros temas se plantean en la agenda inmediata del siglo XXI y las fuerzas económicas, políticas y sociales tendrán que enfrentarlos. Más aún cuando estos fenómenos, la globalización, la tecnologización acelerada y la irrupción del pluralismo replantean, sobre nuevas bases, viejos problemas como el sometimiento y la exacción de unos países por otros, la injusticia social y la pobreza o la falta de democracia y del reconocimiento de la dignidad de las personas, por no hablar de otros grandes problemas no resueltos, que continúan amenazando la existencia de la humanidad y limitando la calidad de vida de la gente.
Estamos pues, en una nueva época que, por cierto, no se inaugurará con la entrada del próximo siglo. Si quisiéramos fechar este cambio epocal, lo ubicaríamos simbólicamente con el derrumbe del Muro de Berlín, pues con ese proceso y sus repercusiones el mundo entró a una nueva etapa, en la que los referentes tradicionales fueron trastocados para ser sustituidos por los actuales. Uno de los efectos más graves de la nueva situación es el debilitamiento de los proyectos políticos de transformación, es decir, de la acción política orientada a disputar el presente y construir el futuro, mediante la viabilización de opciones de cambio de los órdenes sociales. El debilitamiento de proyectos alternativos redundó en que el neoliberalismo se encumbrara con la apariencia de ser el único proyecto viable. Pero los problemas no se han solucionado. Por el contrario, algunos han llegado a niveles realmente alarmantes. Ante esta situación es impostergable reflexionar e intentar el replanteamiento de nuevos proyectos políticos que puedan disputar ante el proyecto neoliberal.
Sin duda, esta trascendental tarea es una de las que en los próximos años deben consolidar los contingentes de la izquierda, de una izquierda renovada, moderna e incluyente, que actúe en la nueva realidad y se abra ante el conjunto de la sociedad, que sea propositiva no sólo hacia el futuro sino en especial ante este presente compartido.

¿Quién dijo certidumbre?. REFORMA. 30 diciembre 1999

El crédito necesario. REFORMA. 1 de diciembre 1999

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