Las perspectivas del movimiento obrero después del 6 de julio
Por RICARDO PASCOE PIERCE
EL 6 de julio de 1988 abrió una nueva situación política en el país. Esto se define fundamentalmente por los siguientes elementos:a) Una vuelco del electorado hacia los candidatos opositores principalmente hacia Cuauhtémoc Cárdenas y, en segundo lugar, a Manuel J. Clouthier.b) Una crisis política de gobierno de las más profundas consecuencias.c) La polarización del país en grandes campos políticos, programáticos e ideológicos.
Estos elementos se derivan de la enorme respuesta política del pueblo de México en las urnas el 6 de julio. El secreto del voto permitió a millones de mexicanos expresar su verdadera opinión política ante el país, la gestión gubernamental y ante la candidatura de Carlos Salinas de Gortari. Es un hecho que el PRI perdió las elecciones, y lo sabe. Está convencido, además, que puede ocultar este hecho del pueblo de México para fingir que su Gobierno es representativo de la mayoría de los mexicanos. El debate nacional, en torno de la usurpación y la legitimidad del Gobierno, rebasa y rebasará, el ámbito electoral. Las elecciones se han convertido en detonante de grandes movilizaciones en todo el país. No se ha advertido, en la gira poselectoral de Cuauhtémoc Cárdenas por los estados de Guerrero, Morelos, Veracruz y Puebla, una actitud de desánimo y frustración por parte del pueblo. Al contrario: se advierte una disposición de lucha, un rechazo contundente a la imposición oficial y la decisión de mantener en alto las banderas de la organización del pueblo, la legalidad y la constitucionalidad de la lucha. El 6 de julio cambió el perfil político del país. Surgieron, claramente, tres fuerzas políticas y programáticas en el país. La derecha, a pesar de su derrota electoral, obtuvo una votación más claramente identificada con su programa. El voto tradicional del priísmo se dividió en varias direcciones, y es producto de las formas tradicionales de cooptación de su vocación. O sea, resulta difícil identificar el voto priísta con exactitud puesto que es un voto producto de la coacción y la presión hacia un número indeterminado de ciudadanos, organizados en sindicatos, gremios, organizaciones campesinas o ejidales. El voto que recibiera Cuauhtémoc Cárdenas indica el renacimiento de un gran bloque histórico entre las fuerzas socialistas y los contingentes nacionalistas y democráticos emanados de las corrientes de la Revolución mexicana. Esta nueva conformación política del país ha trastocado, de manera fundamental, la propia clase obrera.
El proceso electoral afectó profundamente las filas sindicales. Trabajadores, obreros y de otros sectores del sindicalismo, reaccionaron con enorme entusiasmo a la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas. Esto generó, indudablemente, una nueva expectativa ante el proceso social y político del país. El corporativismo sindical entró en crisis con la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas. Amplios sectores de trabajadores de base, además de dirigentes sindicales, de ferrocarrileros, electricistas, petroleros, telefonistas, burócratas y universitarios se conmovieron ante la oferta de ser representados por una candidatura que rechazara definitivamente la política económica y social del régimen priísta de los últimos seis años por lo menos.
Esta toma de conciencia de sectores sindicales se reflejó en el debilitamiento de los mecanismos de control corporativo que ejercía tradicionalmente el Estado y el PRI sobre el sindicalismo oficial. Sin embargo, es claro que el rompimiento del corporativismo sindical no es un fenómeno ya definitivo. La elección confirma la existencia de grietas serias en el edificio del corporativismo. El 6 de julio, cientos de miles de trabajadores sindicalizados y, por lo tanto, incorporados a los sistemas corporativos de control, votaron contra el PRI, en contra de la política del Gobierno, en contra de sus líderes impuestos y a favor de la democracia, de una política económica popular y por Cuauhtémoc Cárdenas.
Este fenómeno es significativo porque representa un verdadero resquebrajamiento del poder corporativo sobre los sindicatos en tiempos electorales. Sin embargo, el voto, en tanto ejercicio político secreto, se mantiene como tal: en secreto. Aún no se observa el fenómeno amplio y generalizado de la lucha contra el control corporativo y los dirigentes charros. Ciertamente, hay indicios de que se ha iniciado esta lucha. Un ejemplo es la reciente lucha en TAMSA, en el puerto de Veracruz, en donde la disidencia sindical realizó un paro de labores para exigir una respuesta a sus demandas de democracia sindical. Lograron doblegar a los veteranos dirigentes de la CTM, y en elecciones democráticas y limpias se derrotó el control caciquil y se logró conquistar un comité ejecutivo democrático. En la Cervecería Moctezuma, en Orizaba, Veracruz, se logró algo parecido, aunque en otra central obrera; la CROC.
Los jóvenes obreros se rebelaron en contra de los dirigentes sindicales, e impusieron una dirección democráticamente elegida y representativa a los intereses y las aspiraciones de los obreros. En este caso, también la CROC tuvo que aceptar el veredicto de los obreros. Uno de los casos más sonados recientemente es el de los trabajadores huelguistas de la Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos, que estuvieron en huelga de hambre 47 días. Este caso, por lo demás conmovedor por su dimensión humana, refleja el grado de enfrentamiento entre bases sindicales y dirigentes caciquiles impuestos por la burocracia político-sindical. Este caso dramático expresa, sin embargo, la aspiración de millones de...(CONTINÚA EN LA PÁGINA 14)
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...trabajadores por sacudirse de la hegemonía y el control de dirigentes impuestos en contra de los intereses de los trabajadores. Estos ejemplos, aunque breves, se repiten en todo el país y son un proceso subterráneo, prácticamente invisible y poco conocido por el conjunto de la sociedad. Es en estas luchas donde se encuentra la expresión más clara de la lucha contra el corporativismo sindical y sus formas de dominación. Esto sucedía antes del 6 de julio, y continuará hasta desterrarlo para siempre.
Lo que sucede es que el 6 de julio marcó, de alguna manera, un hito en la lucha y un momento de expresión política más libertaria de los trabajadores de México. El corporativismo está sumido en una profunda crisis que ha sido alentada por el resultado electoral, y la derrota comicial de tantos dirigentes sindicales oficialistas. Sin embargo, la lucha es aún larga y compleja, pues plantea nuevas tareas y retos en los meses y años venideros para lograr la democracia e independencia sindicales de los trabajadores de México. La recuperación de los sindicatos es tarea indispensable hoy.
Un elemento que viene a complicar esta situación es la profundización de la crisis económica. Con el propósito de dar salida a esta crisis, el Gobierno prácticamente ha signado un pacto con los empresarios más poderosos del país y del extranjero. A cambio de su apoyo ante la crisis política de gobierno, los empresarios han logrado que el Gobierno responda un conjunto de intereses particulares.
Fundamentalmente, se ha logrado la continuación del Pacto de Solidaridad Económica, aunque con seguridad habrá algunos pequeños ajustes y variantes en su ejecución, bajo el modelo recesivo, en lo económico. Mayor recesión en estos momentos implica, obviamente, mayor miseria para el pueblo, específicamente en los renglones de salarios, bienestar, consumo y niveles de empleo. Esto significa que los reclamos democráticos en la sociedad enfrentarán el hecho de una mayor contracción económica. Esto, a su vez, obligará al Gobierno a intentar imponerse a los trabajadores mediante los sindicatos bajo su dominio. La apuesta del Gobierno es que puede seguir controlando a la gran mayoría de los trabajadores mexicanos y no ceder nada en el terreno de la lucha popular. Los empresarios buscan ganar, ahora, con su apoyo al Gobierno de México.
Es creencia común de los empresarios que pueden avanzar en sus demandas, siempre y cuando tengan la seguridad de que el Gobierno esté sujeto a sus necesidades y requerimientos. Nunca habían enfrentado a un Gobierno priísta tan debilitado como éste. Salinas de Gortari es, en vez del gran caudillo y dirigente máximo, un auténtico preso del sistema y de los empresarios. Para mantenerse en el poder, para mantener los sistemas de sostenimiento de su régimen y para justificarse, Salinas de Gortari tiene que apoyarse en estos sectores económicos que hoy le exigen todo lo que no han podido lograr en el pasado. Esto es una consecuencia directa de la agudización inminente de la crisis económica y el hecho de que habrá una mayor confrontación entre el capital y el trabajo. Los sindicatos tendrán, entonces, la necesidad de defender sus intereses, aun por encima de dirigentes sindicales vendidos, traidores o simplemente no acostumbrados a defender los intereses de los trabajadores.
En esta vasta lucha que hoy emprende el pueblo de México, surgen elementos novedosos. Por primera vez en muchos años, y de una manera muy consciente, empieza a confluir la lucha política con la lucha sindical. Anteriormente aparecían como elementos contrapuestos, y a veces, incluso, contradictorios, pero hoy resulta evidente que son elementos eslabonados que representan el interés común de los trabajadores de México. La lucha contra el fraude electoral y la imposición priísta se identifica claramente con las demandas populares de un pueblo que ve al Gobierno cada vez más debilitado y atado a los intereses del capital nacional y extranjero, y ajeno a los intereses populares. Esta dinámica irá adquiriendo cuerpo y forma en la medida en que avancen, también, las luchas políticas y sociales del pueblo de México.
La lucha contra el fraude electoral es un catalizador de la lucha política del pueblo. La irritación generalizada por la imposición priísta requiere de la vinculación con las demandas y la concertación con los sectores sociales. Los sindicatos pueden avanzar por el camino de la defensa del voto y la defensa de sus intereses sociales, gremiales y de la contratación colectiva en todos los terrenos.
El país entra en una confrontación abierta entre sus fuerzas fundamentales. El Gobierno, coludido de una manera clara y franca con los empresarios, a cambio de su apoyo político y económico, buscará contrarrestar las demandas y las exigencias del pueblo trabajador. Este, a su vez, tenderá a incrementar sus formas de lucha y demandas frente a las presiones de este sector empresarial cada vez más retrógrado e incrustado en el Gobierno y al mando de la política nacional.
Los sindicatos tienen ante sí la posibilidad de avanzar en nuevos terrenos. Las grietas en el edificio del corporativismo se mostrarán hasta dónde se puede caminar por esta ruta. No podemos quedar quietos ante estos acontecimientos, suponiendo que son tendencias irreversibles. El Gobierno y los charros harán todo lo posible por echar abajo nuestros avances. Nuestra obligación será, mediante la organización, la toma de conciencia, propagandización y movilización, hacer avanzar la opción de que seamos los trabajadores quienes demos el campanazo al profundo cambio económico, político y social que tanto exige el país. La recuperación de los sindicatos existentes como instrumento de lucha y organización propio de los trabajadores es el camino del cambio.