Empresas obreras
Por RICARDO PASCOE PIERCE
LA noticia de que la CTM había comprado la empresa Cóndor, fabricante de bicicletas, generó un revuelo amplio entre sectores empresariales y del Gobierno federal. En un primer momento, los empresarios anunciaron que la CTM, como central obrera, no podía constituirse en empresario. Burlonamente se preguntaban cuál iba a ser la política salarial de los "nuevos empresarios", ante lo cual la central obrera respondió: la misma de ustedes. Pocas semanas después, la Coparmex emitió su juicio final: la CTM sí podía constituirse en patrón, al igual que los miembros tradicionales del sector patronal. Solamente se le exigía a la CTM congruencia entre la gestión fabril y la realidad de la economía mexicana, siendo factor fundamental de dicha realidad el reconocimiento de "nuestra economía capitalista".
Por el lado gubernamental, la reacción se debió, más que nada, al hecho de que se dio un paso en la dirección de la venta de empresas paraestatales consideradas no-estratégicas. Cualquier paso en esa dirección implica, desde el punto de vista de una burocracia, un paso objetivo hacia su propia extinción. Evidentemente que ninguna burocracia que se respeta a sí misma aceptaría su desaparición por voluntad propia, así que la venta de una empresa de bicicletas a la CTM significó el fortalecimiento económico de otro grupo político, además de representar la posibilidad de vender, tal y como lo anunció el Presidente De la Madrid, otras muchas empresas pertenecientes al Gobierno. Al mismo tiempo, el grupo Televisa se prepara para efectuar compras en grande en el sector paraestatal, con la anuencia del secretario de Hacienda y Crédito Público, Jesús Silva Herzog.
Así que las contradicciones gubernamentales en torno a la venta de empresas paraestatales provienen de concepciones distintas, al interior del mismo Gobierno, en cuanto la función gubernamental en la economía. Por cierto que el efecto práctico de la requisa en Teléfonos de México, específicamente la intervención directa del Gobierno en la gestión de la empresa, ha sido el de crear una enorme tensión laboral entre los trabajadores, como es el caso de la extraordinaria tensión creada entre las operadoras debido a la supervisión intensa efectuada por la nueva administración. El efecto de la intervención gubernamental ha sido el de crear un conflicto laboral adicional: el autoritarismo de la administración en el lugar mismo de trabajo. Parecería que al Gobierno le interesa crearse la reputación de ser más patronal que los mismos patrones. Sin embargo, como dijo el dirigente sindical de los telefonistas: él era priísta, y no entendía cómo un priísta le podía hacer eso a otro priísta.
¿En qué terreno se ha analizado el papel de la CTM al asumir funciones patronales? Fundamentalmente en la gestión administrativa. Existía la interrogante de si la dirigencia obrera buscaría implementar modelos de gestión distintos dentro de las plantas, lo que pondría a prueba las estructuras tradicionales de mando y organización empresarial.
Desde la perspectiva del sector empresarial, la preocupación radicaba en la posibilidad de que se alterara la percepción sobre la exclusividad de las capacidades directivas. Se cuestionaba si una administración obrera podría demostrar aptitudes de gestión técnica y financiera similares a las de los propietarios tradicionales. Sin embargo, la trayectoria de las organizaciones sindicales en las últimas décadas sugería una tendencia hacia el mantenimiento de estructuras jerárquicas establecidas, evitando cambios radicales en la dinámica obrero-patronal que pudieran afectar tanto a los dirigentes como a la estabilidad de la producción.
Al adquirir empresas, la CTM ha tendido a implementar modelos administrativos que guardan similitud con los de los grandes grupos industriales privados, manteniendo esquemas jerárquicos y piramidales. En estos casos, la particularidad no reside en una transformación de la participación de los trabajadores en las decisiones o utilidades, sino en el hecho de que la propiedad legal recae en una central obrera.
A diferencia de este modelo, existen otros proyectos enfocados en la autogestión y la administración democrática. Estos esfuerzos suelen ser el resultado de procesos de organización laboral que buscan defender los intereses de los trabajadores desde una perspectiva sindical diferente, enfrentando los retos que implica operar dentro de un sistema económico capitalista. Más adelante se podrán analizar estos procesos de autogestión como una modalidad de lucha en el ámbito de las necesidades laborales.